GR7

GR7-Etapa 15 Coll de la Teixeta- Colldejou 18/04/2015

Con cinco días de antelación con respecto a la festividad de la cultura y el amor nos dirigimos a Collddejou para celebrar la Diada de Sant Jordi. Y como suele ser habitual en las celebraciones de GRManía, ya sean festivas o gastronómicas, la gran mayoría de miembros de hermandad de caminantes nos hallamos entre los apuntados al evento.

Hoy nuestras mochilas lucen más abultadas de lo habitual, preñadas de abundante papel impregnado de cultura para intercambiar con nuestros queridos y queridas compañeros de aventuras campestres.

La etapa de hoy solo ofrece dos alternativas que coinciden en el punto de partida y el final. Los del grupo B deben recorrer el tramo Coll de la Teixeta – Colldejou, y los del grupo A el mismo trayecto que sus compañeros, pero en el tercio final, antes de llegar a la meta, deben desviarse a la derecha para ascender a la exigente Mola de Colldejou, regresar por el mismo camino y recuperar la senda perdida.

Invadido por la curiosidad y deseando comprobar en primera persona la veracidad de las afirmaciones que corren por ahí, según las cuales el grupo B se lo pasa en grande, avanza compacto, disfruta de los bares y de los encantos de las etapas, y  camina en camaradería, hoy me desentiendo de mis habituales compañeros y me integro en el grupo de los presuntos vividores. La excusa para emprender tal decisión se fundamenta en las pocas ganas que tengo de sufrir los rigores del duro ascenso a la Mola de Colldejou. Bien es cierto que la cota tiene fama de ser un lugar parece paradisíaco y las vistas se presuponen esplendorosas, sin embargo me conformaré con las explicaciones y las sensaciones que de buen seguro me transmitirán los valientes “escaladores”.

Después de recorrer en el autocar la larga distancia que nos separa de nuestro punto de partida: el Coll de la Teixeta, nos apeamos del vehículo a motor en una rotonda de la N240 que comunica Falset con la capital de la comarca del Baix Camp: Reus.

Tras los consecuentes preparativos iniciamos la etapa por la acera asfaltada de la solitaria carreta T313 que conduce a Riudecanyes y Motbrió del Camp. Descendemos ligeramente, durante no más de 400 metros, en búsqueda del camino que nos adentrará en el paraje natural de les Serres de Pradell-l’Argentrera.

Ya de buena mañana surgen las primeras divergencias pues unos afirman que el chofer se ha comprometido a buscar un lugar donde poder comer y celebrar el juego de literario y otros comentan que Carlos ya había reservado un lugar para tal celebración.

Una ronda de teléfonos deshace el entuerto y la cosa parece quedar aclarada. Además, los más eruditos dudamos que el pequeño pueblecito de Colldejou ofrezca tanta variedad  hostelera como para tener que decantarnos por una u otra reserva. ¡Apostaríamos a que allí solo hay uno lugar donde colocarnos, y que no será necesaria ninguna elección!

Nada más abandonar la vía automovilística nos adentramos en una pista forestal y acometemos al primer ascenso de la mañana. Nada del otro mundo y de una duración que escasamente supera el kilómetro de recorrido.

A pesar de mis reticencias pasadas, me acomodo al pelotón de cola y voy ligeramente pendiente de los que caminan en la retaguardia. Mas éstos, sin prisa pero sin pausa, avanzan sin problemas y la responsabilidad adquiere tintes de sencillo pasatiempos.

Caminamos parsimoniosos y entretenidos por una amplia senda de la Serra de Pradell,  intercambiando pareceres entre nosotros: Pedro, Juan, Ginés, Paco Ortega, Paco Victoria, Paquita, Jackye, Nuria y algún otro formamos el furgón de cola.

Mientras avanzamos cansinamente, los amantes de los productos naturales se percatan, jubilosos, de la abundante presencia de espárragos en la linde del camino. Al momento, varios GRManos dan comienzo a la selecta recolección de los verdes brotes, de tal manera que al cabo de un buen rato, ellos y ellas, ya aprisionan entre sus manos un buen manojo de plantas herbáceas de la familia Asparagaceae. El citado tallo verdoso crece de manera natural por estos lares y entre sus múltiples cualidades destaca por ser un excelso manjar. De bajo contenido calórico y con alta proporción de agua, es generoso  en antioxidantes, como vitaminas C, E, provitamina A, y en compuestos fenólicos como los lignanos. Los variados nutrientes energéticos lo convierten en un alimento idóneo para las dietas hipocalóricas, y su elevado contenido en fibra aporta sensación de saciedad, ayuda a reducir el apetito, y facilita la liberación de los obturados intestinos.



En mi afán por ganarme el aprecio y la estima de nuestro querido e inigualable maestro “ripiero”, le ayudo en las tareas de búsqueda y recolección y juntos conseguimos cosechar un buen manojo. Y aunque D. Pedro pretende repartir, a medias, el fruto de nuestra pericia, le cedo gustosamente mi parte para que al menos uno de los dos pueda hacerse una tortilla en condiciones y la deguste junto a una buena cerveza. Eso sí, le recuerdo la obligatoriedad de comérsela a la salud de ambos, y si así no fuere… ¡que se le indigeste un poquito! Como a día de hoy no tengo noticias de indigestión alguna quiero pensar que el poeta campesino cumplió su promesa y pensó en mi mientras zampaba!

Al poco de adentrarnos en la Serra de Pradell iniciamos un leve pero continuo descenso en pos de l’Argentera. A parte de los citados espárragos trigueros, nos topamos con una majestuosa roca a la derecha del camino que los veteranos recuerdan de antaño, cuando el Gr7 se acometió en sentido contrario al actual. Por sorpresa, también, localizamos una preciosa e inmóvil culebra que absorbe el calor de los rayos solares para acumular la energía que su fría sangre es incapaz de proporcionarle. Como no podía ser de otra manera, Rafael ser encarga de inmortalizar la escena de la pacífica saurópsida.

Acompañados del canto de las aves silvestres observamos la sequedad del bosque mediterráneo y los ralos campos que motean el paisaje. Escasa es el agua caída del cielo durante la presente primavera de este 2015 y… ¡mal pinta la cosecha veraniega!

Con el estómago lanzando señales de auxilio alcanzamos el poblado de  l’Argentera y nos reagrupamos en un parque del lugar. Lo que a primera vista parecía ser un parque infantil resulta ser un parque de ejercicios de mantenimiento para ancianos. ¡Tal vez sea una señal que nos indique lo que nuestro futuro cercano nos deparará de aquí a no mucho! Sea como fuere, el caso es que ninguno de nosotros se enfrasca en la realización de los beneficiosos ejercicios gimnásticos y si en el devorar de los bocatas. ¡Hay incluso quién se adentra en el cercano bar y se toma una cervecita o un cafelito caliente!

Acabado el momento de la reposición de fuerzas, emprendemos de nuevo la marcha para acometer el siguiente ascenso hasta la Serra de l’Argentera. Primero por un amplio camino avanzamos por el Barranc Reial pero luego nos desviamos por una estrecha y pedregosa senda hasta alcanzar la cima y toparnos con la imponente grandiosidad de los molinos de viento. Desde allí, y a la vera de los imponentes generadores metálicos, partimos casi todos y todas por un amplio camino en dirección a la Torre de Fontaubella y Colldedjou. Casi todos… pues Ana se equivoca de sendero, se encamina por uno que nace en  paralelo, a la derecha de la ruta correcta, y poco a poco se va alejando de la misma. Al percatarme de su error decido tirar campo a través para intentar prevenirla y devolverla a la senda correcta. La orografía del terreno me impide localizarla con la vista y en mi excursión por entre los espinos que pueblan la ladera me dejo las piernas abrasadas de arañazos. Con mis extremidades pidiendo clemencia consigo localizarla a un centenar de metros de mí, y compruebo que la extraviada va en dirección correcta y que está a punto de recuperar el sendero perdido. ¡La realidad demuestra que no estaba perdida sino añadiendo unos centenares de metros a su etapa y alejándose más de los de la avanzadilla del grupo A, con los que pretendía acometer el ascenso a la Mola!

Tras caminar emparejados durante un rato por la senda que discurre paralela a los molinos alcanzamos una pequeña colina, observamos que, a lo lejos, en actitud de espera, el grupo que pretende llegar a las alturas aguarda impaciente la llegada de Ana. Suerte que os habéis acordado de ella y la habéis esperado, pues de lo contrario habrías sufrido en vuestras propias carnes la ira de la que se creía abandonada.

En mi afán por minimizar la espera de los del grupo A me adentro entre la maleza para tratar de localizar un sendero con el cual acortar la distancia que nos separa de ellos. Pero desisto de tirar campo a través nos vaya a ser que mis acompañantes se acuerden de mí y maldigan mi decisión. ¡Seguiremos por el camino y que esperen los de adelante!  

Albert, sin embargo, demuestra ser más osado que yo y tira cuesta abajo por entre los matorrales, ahorrándose un buen trecho del serpenteado camino y dando alcance a los de la espera bastante antes que nosotros.

Una vez que Ana se reencuentra con los que se dirigen a la Mola, los que caminábamos junto a ella descendemos por una empinada y pedregosa trocha hasta la carretera, la cual abandonamos, al poco, por la izquierda, para adentramos en el bosque.

En una encrucijada del camino que une Colldejou con la Torre de Fontcuberta nos topamos con pila llena de agua encenagada que apenas sirve para lavarnos las manos y a alguno más osado para refrescarse los pies.

Luego de caminar toda la mañana acomodado junto a los del grupo B, y traspasado el umbral del mediodía, aún conservo la esperanza de que lo bueno esté por llegar. De momento nada de lo que algunos tanto pregonan otros días ha hecho acto de presencia. ¡Ni parada técnica, ni fotos, ni cerveza, ni olivas, ni na de naaaa! ¿Será la no presencia de José Antonio la causante de tal decepción? ¿O tal vez mienten como bellacos?

En puertas de Colldejou, acometemos el último kilómetro de la jornada descendiendo nuevamente por otra empedrada senda, y en ello andamos cuando Sonsoles decide  bailarse un zapateado por ente las piedras de la vereda y da con sus huesos en el suelo. Como buena Abulense se postra arrodillada, cual Santa teresa de Jesús, entre los cantos del camino haciendo honor a lo que por aquellos lares se pregona (¡Ávila  tierra de santos y de cantos!). Por suerte, o eso nos hace creer la accidentada, el golpe no deja secuelas importantes y una vez recuperada la normalidad nos ponemos de nuevo en danza.

Con el sol calentando nuestros cogotes, a cuenta gotas, vamos arribando a Colldejou y localizamos el Bar donde celebraremos en encuentro literario.

Tras el ágape de costumbre y las intervenciones literarios del poeta Don Pedro y del narrador Don Jaume Valls procedemos al intercambio de los libros aportados cada uno de nosotros. ¡Mas… lo que debía ser un juego se queda en un simple reparto de cromos!

A destacar la inesperada y gratificante sorpresa que los abuelos recibidos de Rosa Gil, la cual nos regala un lote de libros infantiles para nuestros queridos nietos. ¡Gracias Rosa!

A media tarde, con el estómago lleno y con el libro en las manos, abandonamos el bar y nos encaminamos al autocar que se halla aparcado a las afueras del pueblo para regresar al hogar.

Como buenos samaritanos decidimos colaborar con los artesanos del lugar y arrasamos con casi todas las existencias de baratijas en forma de caracol que los lugareños han elaborados para los visitantes esporádicos como nosotros.

El largo trayecto que nos separa de nuestra ciudad permite a los GRManos dedicar su tiempo su tiempo a diversos menesteres. Unos se decantan por la ruidosa siesta, otros por las amenas conversaciones, alguno/a por la lectura compulsiva, otro por revisar las tomas fotográficas de la jornada y otros, simplemente, por contemplar el paisaje.

Fotos de Rafael:

Colldejou, sábado 18 de abril de 2015.

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 GR7: Etapa 14. Mas dels Frares-Coll de la Teixeta 14/03/2015.

Con un mes de retraso debido a la suspensión preventiva a causa de las “copiosas” nieves de invierno, que según nuestra sabia mente mantenían los caminos a recorrer intransitables, acometemos la etapa entre el Mas dels Frares y el Coll de la Teixeta, programada para mediados de febrero y aplazada hasta la jornada de hoy.
Escaso debió de ser el manto blanco que cubría las montañas, caminos, sendas y veredas que hoy recorremos, o abrasador fue el calor que derritió las benefactoras nieves, pues ni rastro de su presencia permanece en los parajes que transitamos.
El “Mas”( y no precisamente el President) si que somos capaces de localizarlo, pero “dels frares” ni el más mínimo rastro. Tal vez los monjes estén recogidos meditando, haciendo penitencia en soledad, o simple y llanamente se hayan puesto a buen recaudo de hordas de caminantes ateos e intemperantes.
Si algo está caracterizando este GR7 es la inconstancia de los andarines y los continuos vaivenes en la programación de las etapas. De aquí para allá, como si de una partida de ajedrez se tratara, ora nos movemos como alfiles, ora como los reyes, ora como los peones y en repetidas ocasiones avanzamos como los caballos en el tablero, saltando caminos, de un lado a otro, como si de casillas se tratara.
Fieles a la tradición GRmana, de salida, el grupo se divide en múltiples facciones, cada cual  integrado en la que más se adecua a sus apetencias, afinidad, estado anímico o a lo que juiciosamente la capacidad física aconseja.
Tras la reunión asamblearia de principios de febrero, el intercambio de pareceres y los acuerdos alcanzados, por mayoría, sobre la dinámica de los grupos, hoy nos ponemos todos a prueba a fin de comprobar la aceptación de los  mismos. ¿Seremos capaces de llevar a buen puerto los sudados compromisos adquiridos en la citada reunión?   
Nada más apearnos del autocar una de las voces de más peso en la cuadrilla, la de Maribel, pregona a los cuatro vientos la necesidad de que algún voluntario que se haga cargo de uno de los aparatitos de radiofrecuencia.
A pesar de que el único “teniente” declarado soy yo, muchos otros y otras GRManos parecen haber perdido la audición repentinamente y nadie parece darse por aludido. Silbidos al aire, miradas de distracción, oídos sordos y camuflaje silencioso siguen a las palabras de la solicitante. De improviso, Maribel, con la seguridad y firmeza que la caracteriza se dirige a mí y me invita cordialmente (sin posibilidad de réplica) a hacerme cargo de uno de los recién estrenados Walkys. De nada me sirven mis sigilosos intentos por escabullirme y mucho menos el hecho de hacerme el loco. La muy vivaracha se percata de inmediato de mis intenciones y me encasqueta el dichoso aparatito sin compasión. Sin comerlo ni beberlo me asciende al cargo de guardián de cola de nuestro pelotón y me encomienda la misión de velar por las almas más calmosas, de cerrar la marcha de la escuadra y de mantener la comunicación con el resto de coordinadores.
Sin posibilidad de negativa, y manso como un cordero que camina hacia el matadero, asumo mi absoluto fracaso en el escaqueo, cojo el transmisor y acomodo el dichoso Walky en el interior de uno de mis bolsillos con fastidio y desgana.
Tras abrigarnos convenientemente, acomodar nuestras escasas pertenencias, poner en marcha los GPs y reponer el organismo con galletas, chocolates y alguna que otra menudencia, los del grupo A, concienciados, al menos de salida, partimos reagrupados, relativamente pausados y  en desconocida avenencia, hacia nuestro destino. ¿Cuánto durará la armonía? ¿Seremos capaces de aguantar aunque solo sea una jornada?
La presencia en la vanguardia de Jaume Pavón pronostica cordura en la avanzadilla y certifica el buen desarrollo de la etapa. Sin embargo, nada ni nadie es capaz de garantizar que mi actuación en la retaguardia del grupo vaya a ser tan eficiente. Un servidor está acostumbrado a campar a sus anchas, cual res bovina pastando sin ataduras por la pradera, y las obligaciones adquiridas con el negro aparatito limitan mi comportamiento. Echo de menos aquel dicho Castellano que pregona: ¡El buey suelto bien se lame! Hoy sigo siendo buey, pero uncido al yugo.
Los del grupo B, bien agrupaditos y en franca armonía, se toman la etapa con su consabida calma. Caminan, sin prisa pero sin pausa, a ritmo acompasado, platican jubilosos intercambiando pareceres, contemplan el paisaje con ojos escrutadores y tienen incluso tiempo para bromear, reír y descansar cuando les apetece. Si no fuera porque las etapas que ellos acometen son tan cortitas, más de uno de los desperdigados del grupo A nos exiliaríamos sin el menor atisbo de dudas en el cohesionado grupo B.
Parece ser que los acuerdos asamblearios han calado hondo en el personal del grupo A y de principio no hay ni carreras, ni competiciones. Para sorpresa generalizada la etapa discurre dinámica, tranquila y placentera. ¡Qué buenas chicas y chicos!
Luego de caminar un buen trecho por el bosque y tras bajadas y algún que otro repechón, para deleite de nuestra vista y goce de nuestros sentidos, nos topamos con la preciosa Cascada del Grorc. La maravilla de la naturaleza, a consecuencia de las recientes nevadas y las lluvias de los últimos días, alegre y cantarina, nos regala la belleza de la caída de sus aguas y la pureza y transparencia de las mismas. ¡La contemplación de este sublime paraje natural da por bien empleada la mañana!
Después de la contemplación embobada del repicar de las aguas, el canto a la belleza del lugar y las correspondientes fotos, abandonamos el idílico emplazamiento henchidos los sentidos y reconfortados por inigualable espectáculo.  
A la hora del almuerzo nos aposentamos entre las piedras de las ruinas de Gallicant a resguardo del viento del oeste y, mientras engullimos los alimentos, desde las alturas nos deleitamos con las imágenes del abrupto emplazamiento del pueblo de Siurana y la mansa y reluciente inmensidad de las aguas del rebosante pantano que lleva su nombre.
Zigzagueando en dirección sur por el bosque de la sierra de Pardes, ascendemos levemente hasta alcanzar la villa de Arbolí, lugar de partida de nuestros predecesores. Atravesamos el poblado sin apenas detenernos a visitarlo y enfilamos por la carreta  que conduce al pantano de Siurana. Mas como el embalse no se encuentra en nuestra hoja de ruta, abandonamos la vía asfaltada por la izquierda y nos adentramos nuevamente en el bosque, con rumbo al valle d’Alforja. Llegados a la altura del coll Moreno nos reagrupamos nuevamente ¡qué raro! y partimos por una pista forestal en dirección a la ermita de Puigcerver. Alcanzado el santuario, algunos miembros del grupo A proceden a visitar y encomendarse a Nuestra Señora del Puigcerver, mientras otros solamente echamos una hojeada al edificio.
Las malas lenguas afirman que los integrantes del grupo B, no solo han cantado loas a la virgen, sino que también han degustado algún que otro refresco y varias cervezas en el citado santuario. ¡Parece que huelan los lugares de descanso y placer los condenaos!
Sin tiempo que perder reanudamos la marcha por una amplia senda que secciona el bosque de encinas y pinos. La primavera se despereza dando sus primeros coletazos. Los campos reverdecen, los adornan las copas de los árboles y los pajarillos nos alegran la mañana con sus trinos y sus majestuosos vuelos.
Mientras alcanzamos la cresta de la montaña, quedamos empequeñecidos por los mastodónticos molinos de viento y observamos atónitos como estos “Quijotescos” monigotes se apoderan de las corrientes de aire para, ruidosos y andarines, transformar los generosos bufidos de Eolo en energía eléctrica.
 Luego de caminar un buen trecho por la loma, a los pies de los imponentes monstruos metálicos, coronamos el coll de la Teixeta y acometemos el descenso hacia el final de la etapa. Allí nos esperan impacientes y hambrientos nuestros compañeros y aparcado  silenciosamente en un recodo de la carretera  el autocar que nos llevará de nuevo a casa.
Ya sea por el buen comportamiento de los caminantes, porque la cordura se ha apoderado momentáneamente de nuestras mentes, o simplemente porque hoy tocaba, la misión de vigilante radiofónico no ha supuesto ningún esfuerzo extra y he disfrutado de la etapa como el que más. ¡Ah, eso sí, otro día el Walky se lo encasquetas a otro, Maribel!
Tras acomodarnos en el autocar partimos rumbo al bar de un pueblo cercano a fin de  dar buena cuenta de nuestros bocatas, los dueños del cual deciden hacer el agosto en pleno marzo y se ponen las botas a nuestra costa pasándonos una desorbitada factura de consumición, que los encargados de abonar liquidan a disgusto y entre protestas.
Fotos Rafael
Fotos Varios autores

Sábado, 14 de marzo de 2105.
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Etapa 13. La Riba - Masía dels Frares.
 
¡Bienvenidos al 2015! ¡Año Nuevo, vicios viejos!


Atrás quedaron los atracones Navideños y aunque el cuerpo debería necesitar acción, para desprenderse de los lípidos acumulados, nada más lejos de la realidad. Queda demostrado, bien a las claras, que hay más quórum cuando se trata de reunirnos para las comilonas que de hacerlo para las caminatas. Los números cantan y de los 65 que nos aposentamos en la mesas del Restaurante de Prenafeta, para celebrar la bulliciosa comida navideña, apenas 35 comparecemos, de madrugada, en el punto de partida.

El track que el diligente Don J. Ferrer puso a nuestra disposición ya anunciaba ciertas dificultades en el desarrollo de la etapa, de ahí que en esta ocasión no hubiera la menor duda sobra la conveniencia de acomodarnos en dos grupos A y B. El duro perfil se asemejaba más a una sucesión de entrelazados toboganes, subidas y bajadas sin descanso, que a una caminata de paseantes. 

De todas formas, nadie, ni los más agoreros del lugar, presagiaban el desmadre que acontecería a posteriori, durante el accidentado desarrollo de la etapa.

Después de casi dos horas de traqueteo en el autobús acometemos, compactados y en armonía, la salida, en la Riba. A las primeras de cambio, mientras transitamos por el inclinado poblado, una imponente cuesta nos deja casi sin ruello. Alguien comenta que tal vez hubiera sido conveniente hacer algún grupo más… jajajaja.

Tras sudar la gota gorda y jadear como rocines después de una carrera en pos del Everest, abandonamos el pueblo y nos adentramos en el bosque por una estrecha senda. El rocío de la madrugada ha humedecido el terreno y las plantas trasladan las cuatro gotas, que descansan en sus hojas, a nuestras raídas botas y nuestros pantalones.
Antes de iniciar el ascenso a la primera cota importante de la mañana, la cabeza de la marcha se detiene para reagrupar el pelotón. Hay quien maldice los excesos vacacionales, otros echan de menos el sofá y alguno incluso lamenta haberse apuntado a la primera jornada del 2015. ¡No saben lo que nos queda!

Unos minutos de descanso dan paso a que el grupo se ponga de nuevo en marcha para acometer la siguiente subida. Una vereda estrecha, empedrada y resbaladiza nos obliga a un nuevo esfuerzo. Apenas han transcurrido noventa minutos desde que diéramos inicio a la etapa y las dificultades, junto a la dureza del terreno, han convertido el grupo en un ejército de soldados descarriados, fragmentado en innumerables secciones. La avanzadilla transita en el grupo A, acompañada de un gran mastín que se nos ha añadido en la Masía de la Torre, le siguen los del grupo B, los que vienen detrás se acomodan en el C, los hay que se agolpan en el D y otros que sufren en el E. 

Superado el exigente primer escollo de la jornada nos detenemos para desayunar. Un claro en el camino nos permite disfrutar de nuestros bocatas, intercambiar pareceres y calentar nuestro cuerpo al tibio sol de la mañana. La altitud nos permite disfrutar de las excelentes vistas del paisaje: en la lejanía el camp de Tarragona con sus pueblos y campos de cultivo, la imperial Tarraco, las grúas del puerto marítimo, las torres de la industria petrolífera, y de fondo, cerrando el cuadro, el mar Mediterráneo. 

A la hora del postre aparecen por doquier los restos sobrantes de las pasadas fiesta. A pesar del empacho turronero del que venimos, casi nadie hace ascos a los dulces, y en un abrir y cerrar de ojos acabamos con todo aquello que se nos ofrece.

Tan solo hemos avanzado siete kilómetros pero las caras ya denotan cierto cansancio. Sea consecuencia de los excesos Navideños, del parón vacacional o de la dureza del recorrido, las piernas parecen adormecidas y la meta se nos antoja demasiado lejos.

Concluido el generoso banquete matutino, reemprendemos la parsimoniosa marcha por un amplio camino forestal que nos conducirá al único núcleo urbano habitado de la toda la jornada...

Mientras avanzamos a buen ritmo por una ancha pista, nos adelanta el bólido de Rafael con la cabeza gacha y pasos agigantados.
Atravesamos la solitaria carretera TV-7041, damos un rodeo y accedemos a Mont-ral por su cara sur. Las cuatro casas del pequeño poblado están tan distanciadas, unas de otras, como lo estamos los diferentes miembros de GRManía, que estas alturas de la expedición transitamos por el interior de las tierras tarraconenses. 

El exigente sube y baja de la ruta ha hecho mella en las reservas físicas y mentales de varios de los GRmanos, y los rigores de trazado venidero convencen a algunos sabios los integrantes del grupo B de la inutilidad de seguir avanzando hasta la sierra de las Mussaras, donde, en teoría, debería finalizar su recorrido. Acertada decisión la de dar por finalizada su andadura en aquel lugar, pues de allí en adelante…. ¡el caos!

Menos de la mitad del grupo dejamos atrás Mont-ral y, desperdigados, partimos por una estrecha senda en pos de “El bosquet”. Durante unos centenares de metros, que se me hacen eternos, camino en solitario y debo acomodar mi rumbo a las directrices del GPS, pues la estrecha y traicionera senda es proclive a la perdida. Finalmente, delante de mí, en la lejanía, en un recodo del camino,  localizo los cuerpos de Antonio y Ramón que me preceden. Sin dudarlo un segundo, aligero la marcha todo lo que mis piernas me permiten hasta que consigo unirme a ellos. 

A estas horas del mediodía una buena parte de los integrantes de los grupos B ya descansan en el pueblo recién dejado atrás, y algunos, incluso, saborean una fresca, generosa y deliciosa cerveza en el único bar del entorno ¡Qué suerte la suya!
Los demás continuamos con la intención de alcanzar nuestro objetivo final, aunque el tiempo se nos está echando encima y aún nos queda un buen fragmento por recorrer.
Al llegar a la altura de “El bosquet” nos topamos con el grupo delantero donde transitan Carlos, Ginés, Evaristo, José, Belén, Jordi y algún otro. 

Tras reagruparnos echamos en falta a Rafael y a Fidel, pero damos por seguro que van por delante y se encaminan a la dirección correcta. ¡Nada más lejos de la realidad! Rafael se ha adentrado por un desvío equivocado, antes de alcanzar el pueblo habitado, y se ha extraviado durante un buen rato. Finalmente, por suerte, se percata de su error,  desanda el trayecto equivocado y recupera la senda correcta. Sin embrago, al reparar en lo avanzado de la hora, decide abandonar su propósito inicial de llegar al final de la etapa y se dirige en solitario hacia Mont-ral para reencontrarse con aquellos que allí habían puesto punto y final a su sacrificio. 

Instantes después de abandonar el deshabitado caserío de “El bosquet”, Jordi comienza a tener problemas con uno de sus tobillos, dañado el día anterior. La estrecha arteria por la que nos vemos obligados y caminar, escarpada, pedregosa y de difícil transitar, no ayudan para nada al accidentado, sino empeoran progresivamente los síntomas en la articulación de lesionado.  

A poco de reencontrarnos con el camino forestal, en el cruce del GR65-5, en la sierra de las mussaras, Jordi decide dar por finalizada su aventura. Lo avanzado de la hora, la larga distancia que aún nos queda por recorrer, el escarpado perfil, las dificultades orográficas, el tortuoso canchal de las postrimerías, y el vertiginoso descenso que nos espera al final de la etapa le ayuda a tomar tan acertada decisión. 

A pesar de la negativa del mermado, para que nadie le acompañe en su abandono, Antonio se niega en rotundo a dejare partir en solitario y le acompaña en su retirada hacia el cruce de la carretera TV-7045, donde serán recogidos por el autocar.

 Pasadas las dos del mediodía aún nos quedan casi ocho kilómetros por recorrer. Desconocemos  que sucede por detrás y quien o quienes tienen intención de realizar todo el trayecto hasta la Masía del Frares, pero tenemos claro que el tiempo corre en contra nuestra.

Tras despedirnos de Jordi y Antonio, la cabeza del grupo A sale de estampida y Ginés y yo nos quedamos en tierra de nadie. A pesar de que nos desplazamos a un fuerte ritmo, no conseguimos darles alcance y no volveremos a verlos hasta las 15:15 horas, cuando alcancemos la meta.

En el trayecto final dejamos atrás varios cruces en el camino, nos adentramos por un intransitable canchal de gratino que se asemeja a un glaciar de piedras rodadas, y acometemos un pronunciado descenso por una estrecha, dificultosa y escarpada trocha hasta alcanzar, por fin, la ansiada carretera. ¡Fanal de trayecto! 

Allí, junto a la calzada de la vía automovilista, en la confluencia del camino de acceso a la Masía del Frares, nos esperan los componentes del grupo A que han finalizado la etapa. Acto seguido hace su aparición, por un recodo de la carretera, el autocar con algunos de los integrantes del grupo B que al llegar hasta el lugar previsto de finalización para el citado grupo B, han sido recogidos en el cruce de por el vehículo.

Mientras aguardamos la llegada de los últimos miembros del grupo A recibimos la pésima noticia de las pérdidas de José Castillo y Fidel, aunque la de éste último es efímera pues hace su aparición, casi a la vez que Jaume, Inés, Ana y Chari, apenas diez minutos después que nosotros. ¡Un poco más y se queda sin probar su propio cava!

Ante la imposibilidad de desplazarnos hasta el lugar acordado para la comida en grupo, desenvolvemos nuestros bocadillos, desprecintamos las fiambreras, nos aposentados a la vera del camino y la cuneta de la solitaria carretera, y procedemos, con voraz apetito, a dar buena cuenta de nuestro yantar y reponer las fuerzas gastadas.

Por suerte para nosotros, Cisco y Fidel habían dispuesto una cuantas botellas de cava y un “exquisita coca de vidre” elaborada por la “Dolors” para celebrar su aniversario. Los dulces y el alcohol sirven para matar las penas del grupo A, el retraso y la afligida espera del extraviado José. En apenas unos minutos acabamos con todas las existencias: comida, postres, frutos secos, galletas, cava, coca y todo aquello que aparece por allí.

La tecnología nos informa de que el grupo C está tranquilo, recogidito y en armonía dando buena cuenta de sus vituallas en el lugar acordado. ¡Ellos sí que saben!

Pese a los múltiples intentos de Paco Ortega, Ana y algún otro GRMano, no conseguimos contactar con José y la preocupación comienza a crecer. La tarde avanza, la noche se aproxima, el horario del conductor se agota y el desaparecido no da señales de vida. 
Cuando el reloj está próximo a marcar 16 horas, recibimos la grata noticia de que el perdido José se ha topado con otros caminantes, ha retomado el rumbo correcto y se dirige al cruce de las mussaras. 

De inmediato nos acomodamos en el autocar y partimos, sin tiempo que perder, en búsqueda de extraviado. Sin embargo nuestro gozo se disipa al instante, pues al llegar al cruce convenido, el errante aún no ha hecho acto de presencia.

Finalmente aparece por la lejanía, el susto se disipa y nos encaminamos a recoger al resto de GRManos para regresar a casa antes de que el tiempo del conductor expire y nos obligue a buscar alojamiento en algún hotel de carretera.

Fotos Rafael

Fotos Antonio Gil

Masía dels Frares, sábado, 10 de enero de 2015



Etapa 11. Bellprat-Cabra del Camp. 

Tras los madrugones de las dos primeras etapas volvemos a recuperar el horario más llevadero. Aparentemente este hecho debería animar a los Gramanos a disfrutar de la caminata sabatina, sin embargo nada que ver con la realidad, pues la nueva temporada ha dado comienzo con una participación algo raquítica. Ya sea a causa de los resfriados, los percances, las obligaciones individuales y familiares, la orografía de la etapa, las excusas  o las bajas imprevistas de última hora, la cuestión es que por los pelos llegamos nuevamente a la treintena. Ahora que disponemos de un nuevo autocar (espacioso y confortable) apenas si hacemos uso del 75 % de su capacidad.

Tras las dos preciosas etapas adelantadas, por tierras del Ebro, intercaladas a causa de diversos motivos, regresamos de nuevo a la normalidad y retomamos nuevamente el camino allá por donde lo dejamos antes del pasado verano, en la comarca de l’Anoia, más  concretamente en la localidad de Bellprat.

Según las previsiones de los entendidos la mañana se presenta fresquita pero soleada. Ávidos de alegres aventuras nos disponemos a recorrer longitudinalmente el Sistema Prelitoral Central. Si el tiempo y las circunstancias no lo impiden, hoy abandonaremos la Barcelonesa comarca del Anoia para adentrarnos en la provincia de Tarragona, por la comarca del Alt Camp, con destino final a Cabra del Camp. Que poco que ver el paisaje montañoso de las comarca del interior, con el más conocido, bullicioso y festivo de la costa Tarraconense, en sus límites con el Mediterráneo ¡En  la variedad está el gusto!

Durante el trayecto por la autopista, en la parte trasera, se monta un ameno, interesante y amigable  debate sobre el soberanismo y la consulta de la jornada venidera. Se exponen diferentes puntos de vista personales sobre el tema y a pesar de que las discrepancias entre los contertulios son evidentes, el respeto a las ideas y los sentimientos de cada tertuliano coronan la enriquecedora charla. El hecho de que alguno de los tertulianos se encuentre hoy  en franca minoría no es ápice para que exponga con determinación sus postulados y defienda como gato panza arriba sus convicciones. Otro de los intervinientes, “voluntario” forzoso en la buena marcha de los preparativos y en la posterior jornada de consulta, resalta la excelente organización del evento y la magnífica predisposición de los voluntarios; lamenta, sin embargo,  que la masiva y altruista participación del voluntariado, en el acto en cuestión, no sea igual de generosa cuando se trata de la defensa de los derechos sociales de los más desfavorecidos. 

Independientemente de las ideas y sentimientos de cada uno, todos convergemos en que si la actitud de nuestros obtusos y necios gobernantes (de aquí y de allí) fuera la del dialogo y la negociación otro gallo nos cantaría. Al final, sí o sí, los dos cabecillas, quieran o no, deberán tragarse su orgullo y sentarse a dialogar. Plantear los diversos escenarios que deben conducir al desbloqueo del callejón al que nos han abocado y olvidarse de su imposición sistemática a cualquier acuerdo. Quizás algún día recapaciten, se percaten de su estrechez de miras y se den cuenta de que nada se solucionará anclándose en el inmovilismo. Que no hay futuro sin negociación y que toda negociación conlleva concesiones. Tal vez así lleguen a entender que: ¡Más vale un mal acuerdo que un buen pleito!  Sin embargo el enroque de los apoltronados dirigentes se mantiene y negros nubarrones otean el horizonte ¿Habrá luz al final del túnel?

Enfrascados como estamos en el intercambio de pareceres, apenas nos percatamos de que nos hallamos en las proximidades de Bellprat y nuestro trayecto en autocar está tocando a su fin.

Como viene siendo habitual de un tiempo a esta parte, a la llegada al punto de partida, nos dividimos en dos grupos para recorrer la etapa programada. Hoy, por mor de la escasas dificultades que presenta llevadera la etapa, el grupo A es algo más numeroso que de costumbre, y por descontado más concurrido que el grupo B. En el primer grupo prevalecen los hombres, pero la presencia de 5 valientes féminas otorga al citado pelotón la categoría de otra manera no alcanzaría, dotándole de la indispensable diversidad y transfieréndole, además, la necesaria impronta que solo ellas pueden y saben darle. El grupo B, por el contrario, destaca por un mayor equilibrio de fuerzas, aunque en este caso las féminas son mayoría.

La jornada transcurre amena y placentera. Entre caminos y veredas que seccionan bosques o discurren paralelos a los claros, emergen campos y tierras de labranza dedicadas preferentemente al cultivo de cereales. Algunas de estas parcelas aun muestran pequeños vestigios el reciente pasado, en forma de rastrojos semienterrados, producto de la cosecha de la anterior temporada. Otras en cambio resplandecen inmaculadas, limpias de maleza, tras haber sido aradas y preñadas con las semillas que darán origen a nuevas plantas. De éstas, si las circunstancias meteorológicas no se empeñan en poner impedimentos, brotaran a su debido tiempo, multitud de doradas espigas cargadas de abundantes granos, con los cuales los sufridos “pageses” podrán  rellenar de nuevo sus agotados graneros.  

A causa de las lluvias de los últimos días, el suelo se muestra húmedo y mullido, facilitando el placentero deambular de los caminantes. Las trochas, caminos y senderos, acolchados  a consecuencia del agua absorbida, permiten un caminar relajado y liviano que, en sumo grado, agradecen nuestras torturadas articulaciones. Sin embargo, en uno de los campos por los cuales nos vemos obligados a caminar, en rigurosa fila para minimizar los daños al sembrado, la humedad ha calado en exceso reblandeciendo la tierra convirtiéndola en un pegajoso barrizal. Éste, adherente y apelmazado se adhiere generosamente a las zapatillas, convirtiendo las suelas  de nuestro reluciente calzado en una especie de zancos enfangados compuestos por plataformas superpuestas de diversas capas de pegajoso engrudo marrón.  

En un recodo del camino nos topamos con un pequeño riachuelo que discurre mansa y calladamente cristalino por medio del camino. Debemos, entonces, improvisar una especia  de pasarela, con un tablón de madera que alguien localiza en las proximidades, y vadear el torrente por el improvisado y artesanal puente que en nada desmerece a los deslumbrantes pero ruinosos levadizos del ínclito Calatraba.

Poco antes de la parada para el desayuno, una indicación situada en un desvió en el camino, nos informa de la proximidad del monasterio de Santas Creus y nos invita a poner rumbo al “sagrado” lugar. Más ninguno de los presentes hace mención al cartel anunciador y, consecuentemente,  nadie se da por enterado. Unos declinan el celestial ofrecimiento por ateísmo recalcitrante; otros porque prefieren ahorrase los varios kms de ida y vuelta;  mjchos porque huelen la proximidad de la inminente parada para desayunar y prefieren rellenar el buche con materia más sustancial que la aportada por el rezo y el recogimiento monacal;  y los menos porque simplemente no se han percatado semioculto cartel anunciador.  En definitiva…. ¡Mejor dejar la visita para otra ocasión más propician!

Pasadas las 10 de la mañana, nos adentramos en Pontils y en la plaza del pueblo damos buena cuenta de nuestras viandas. Bocatas, tintorro, almendras, aceitunas caseras curadas por Antonio Gil, fruta, galletas, chocolate y otras delicatesen que compartimos entre nosotros.

Finalizado el desayuno reemprendemos la marcha y a nuestro paso vamos alternando el bosque con los claros. Poco a poco vamos descendiendo en pos de la meta, pues salvo esporádicos repechones, la etapa de hoy presenta un perfil claramente en bajada. Poco antes de divisar Vellespinosa, en una de las varias explanadas deforestadas que emergen del bosque, observamos el devenir de un campesino. El laborioso personaje, encaramado a lomos de su poderoso tractor, rotula parsimonioso el suelo de su propiedad para adecentarlo. Más adelante, pasamos junto a un  rústico cercado donde unas pacíficas, peludas  y despreocupadas  vacas se esmeran inútilmente en intentar arrancar los escasos y rasurados pastos que apenas subsisten en la marchita pradera otoñal.

Acostumbrados a las dos últimas etapas, en las cuales nos atiborramos de exquisita fruta hurtada en la vega del Ebro, y recogimos repletas bolsas de deliciosos y anaranjados níscalos, en los humedales del Montcaro, hoy no hay ningún manjar gratis que llevarse a la boca,  ni regalos de la naturaleza que acarrear para casa ¡Ni una triste uva que echarse al gaznate y tampoco hongo alguno que recolectar!

Hacia las dos del medio día alcanzamos Cabra del Camp y nos dirigimos al Bar donde ya nos esperan nuestros compañeros y compañeras de fatigas del grupo B. Éstos, hace rato que van dando buena cuenta de unos cuantos embriagadores vermuts que enrojecen sus mejillas, traban sus lenguas y embotan sus sentidos. Mientras tanto, charlan amigablemente acomodados en las sillas del citado establecimiento, en espera de nuestra llegada que se producirá una vez finiquitada la travesía de hoy. 

Concluida la jornada, los andarines nos acomodamos por grupos de afinidad en las mesas reservadas para reponer fuerzas y matar la sed con la ingestión de unas cuantas  “rubias espumosas” ¡Cervezas para los mal pensados!

A medida que el personal va dando por concluido el ágape del medio día, el ambiente se caldea, el gentío se impacienta y el nerviosismo se apodera de los GRManos. Hoy es jornada de venta de boletos y papeletas: Llumineta y Lotería (el Gordo y la Grossa),  y, como no podía ser de otro  modo, el colectivo de los infelices soñadores aspirantes a “rico” se muestra ansioso por tentar a la suerte y abandonar la pobreza. Así, apenas acabado el postre la mayoría de los GRManos, compradores compulsivos,  se abalanzan iracundos y descontrolados  sobre los repartidores de fortuna (¡o de nada vete tú a saber!); dispuestos todos ellos a invertir hasta su último céntimo (¡bueno algunos más dispuestos que otros, la verdad sea dicha!) en búsqueda de la dichosa suerte. Todos/as con la esperanza de ser los agraciados en los sorteos venideros y poder, así, disfrutar del exquisito jamón 5J de la panera y, puestos a soñar, de amasar una “mortrerá” que permita depararles una próxima y más llevadera  jubilación.

Don Paco, veterano en estas lides, alejado del gentío, se apoltrona en una mesa situada junto a una columna del bar y, con la maestría de un buen “Judio”, aligera los bolsillos de los ilusos apostantes encasquetándoles participaciones de Lotería del Gordo de Navidad. Cisco, otro imitador del oficio judaico, en la esquina opuesta, vende participaciones de la Grossa de  Cap d’any. Y yo, pobre de mí, temporal recaudador de impuestos indirectos, asumo el papel del sumiso trabajador de la agencia tributaria y reclamo, sin el menor arrepentimiento y ningún rubor, la pasta correspondiente a los números reservados “voluntariamente” para el sorteo de la Llumineta.

¡Pobres ilusos! … Si supierais que la suerte está echada y que ya tiene dueño. Que un servidor tiene mano con los niños cantores de San Ildefonso y hace tiempo les dejó bien clarito dónde y a quién deben corresponder los premios de los sorteos.


De todas formas que no decaiga el ánimo. Si no sois agraciados con la  “Llumineta” pensad que vuestra fortuna consiste en que ahorraréis ingentes cantidades de dinero en médicos y vuestra salud os lo agradecerá, pues todos los productos allí almacenados rebosan colesterol por los cuatro costados. Si por desventura tampoco os cae en gracia el Gordo de Navidad, pensad que contribuiréis a rellenar las raquíticas arcas del estado y ayudaréis a que los sobres a repartir, entre los mafioso de turno, sean bastante más generosos, e incluso que contribuiréis solidariamente a que los Monago y Cia puedan viajar gratis otra vez a Canarias para liberar sus “tensiones” Senatoriales a costa del erario público. Y si por desgracia la Grossa también pasa de largo ante vuestras narices, estaréis colaborando con vuestra “voluntaria” aportación a tapar el agujerillo que los gastos de la consulta han causado en las arcas de la Generalitat.


Cabra del Camp. Sábado  08/11/2014


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Etapa 18 (Rasquera-Paüls)

¡Bienvenidos al otoño y al nuevo "curso" de GRManía!

¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Hace apenas cuatro días nos despedíamos en el Restaurante de "Can Caselles" de Bellprat, pensando que el verano venidero sería eterno y, mira por dónde, ya se nos fue de las manos casi sin percatarnos.

Después de que nuestros eficientes “jefes” se devanaran los sesos (no confundir con sexos) intentando encontrar la fecha más adecuada para la etapa Rasquera - Paüls, y tras varios cambios de fecha en pos del consenso, al final resultó que el día escogido para la aventura por "Les Terres de l'Ebre", fue igual de bueno, o si ustedes lo prefieren, igual de malo, que cualquiera de los otros descartados ¡Hay quien afirma que la mejor idea suele ser, casi siempre, la primer!

Contrariamente a lo que suele ser habitual. con la etapa que da inicio a cada nueva temporada, esta campaña 2014-15 la estrenamos... ¡casi, casi, en familia! Unos por obligaciones familiares; otros por compromisos ineludibles; alguno y alguna por lisiados; unos pocos por prescripción “automédica” (no confundir con la facultativa); varios por apropiarse de virus y achaques  que no les correspondían; los menos por alergia al madrugón  y cierta por  dormilona. Fuera cual fuera la excusa, el caso es que… ¡demasiado autocar para tan poca gente!

Con el sueño acuestas, y el cuerpo desacostumbrado a los madrugones, nos reencontramos en la parada del autubús entre sonrisas, besos, abrazos y apretones de manos.

Concluidos los saludos de bienvenida, aparece el autocar y nos acomodamos en sus asientos, más pendiente de las bajas de última hora que los cuatro gatos presentes: ¡Falta fulano! ¡Mengano no viene! ¡Zutano está enfermo! ¡Ésta se ha dormido! ¡Aquel se ha rajado! ¡El otro no ha dicho nada!

Una vez aposentados en nuestros asientos, posponemos el intercambio de pareceres para más adelante, a fin de poder amenizar con posterioridad la venidera caminata.

Dado que el trayecto hasta el punto de partida es bastante largo, quien más quien menos nos amodorramos en el asiento (algunos en dos) y, al vaivén de la autopista, nos sumergimos en el reparador sueño matinal, mientras los estentóreos ronquidos de algún GRMano amenizan el silencio que precede al alboreado amanecer.

Per... como la felicidad suele ser efímera y caprichosa, una parada a mitad del trayecto (en un área de servicio cercana a Atafulla, para recoger a los playeros Antonio y Maribel) trunca de golpe el descanso de los relajados lirones.

¡Empresa nueva, autocar cómodo y conductor novel (aunque igualmente proclive a los rodeos)! ¿Será que el puesto exige dar algún que otro rodeo de más, sin sentido, para alxanzar el destino? Podríamos haber abandonado la autopista por l’Hospitalet de l’Infant y, previo paso por Tivissa y Mora d’Ebre, acercarnos por el norte a Rasquera; o haber continuado un poco más, hasta l’Ametlla y, tras pasar por El Perelló, adentrarnos en el poblado donde pretendemos inicra la etapa, por el este; más no, llegamos hasta el final, la Aldea, visitamos Tortosa y remontamos el Ebro hasta el lugar de partida del grupo A, las afueras de Rasquera.

Tras descender del autocar y despedirnos de nuestros compañeros, que continuan  en dirección a su punto de partida, el Río Ebro, apenas una docena de valientes GRManos (entre ellas Carmen y Ana) acometemos el total de la etapa. Iniciamos la marcha por la comarca de la “Ribera d’Ebre” y a las primeras de cambio tomamos un rumbo equivocado ¡Pasan los años, aumentan los medios y evoluciona la tecnología, pero las habituales pérdidas siempre permanecen! Recuperamos la senda ¡gracias a los GPS! y serpenteamos (ora subo ora bajo) por entre el arbolado del monte, con el río a la vista, unos metros por debajo, a nuestra derecha. El caudaloso lecho divide el escarpado paisaje y discurre mansamente encajonado entre los parajes montañosos de “els Aligars y la Serra de Fulletera”, en su margen derecha, al oeste; y la Serra de Cardó- El Boix, en la margen izquierda, por el lado este. Silenciosa y calmada, la cuenca se encamina, sin prisa pero sin pausa, en pos del “Mare Nostrum” donde verterá sus abundantes y benefactoras aguas, y pondrá fin a su larga y saltarina travesía.

Como si de una sucesión de entrelazados toboganes se tratara, uno tras otro, vamos devorando los constantes desniveles de las estribaciones bajas de la Serra de Cardó-El Boix.

Desde nuestra pasajera e improvisada atalaya, observamos el repentino y vertiginoso navegar de una lancha motora que, con su quilla, rompe la mansa quietud de las adormecidas aguas. Paralelos a nosotros, y partiendo en ascensión desde  el cauce, en la vertiente derecha, incontables campos de frondosos árboles frutales, alineados a la perfección, decoran el paisaje con su geométrico y vigoroso verdor;  y tras estos, al fondo, las escarpadas protuberancias de la ladera montañosa que, en dirección sureste, convergerán con “El Parc Natural dels Ports”, y Paüls, nuestro destino. Avanzamos jadeantes, junto al generoso cauce fluvial, y acompañamos el lento discurrir de sus tranquilas aguas que, silenciosas, se encaminan pacificamente en pos de su bien merecido descanso en el Mar.

Mientras pateamos el umbrío sendero, oteamos las proximidades del mismo intentando localizar un espacio amplio, cómodo y soleado donde acomodar los huesos y reponer fuerzas. Tras descartar algún que otro lugar, acampamos en la linde del camino, en un claro del bosque, y allí damos buena cuenta de nuestros bocatas y hacemos correr alegremente la bota de vino ¡No para degustar el caldo y saciar la sed, sino para alijerar al portador del peso de la repleta carga del pellejo!

Acabado el ágape recogemos los bártulos, levamos ancla y reemprendemos la marcha satisfechos. Pero nada más doblar el primer recodo del camino, descubrimos, fastidiados, un paradisíaco emplazamiento donde podríamos haber dado buena cuenta de nuestro desayuno, mucho más cómodamente instalados que en el escogido hace apenas un momento ¡Otra vez será!

Con el sol gravitando sobre nuestras cabezas abandonamos el bosque, dejamos atrás la “Ribera d’Ebre”, cruzamos el Ebro por un puente de considerables dimensiones, a las puertas de Benifallet, y nos adentramos  en la comarca del Baix Ebre”. Desafortunadamente, nos vemos obligados a caminar durante un buen trecho por la contraída acera de la transitada carretera. Algunos respetuosos automovilistas nos saludan con el claxon de sus vehículos y se desvían ligeramente de su línea, parar mantener una distancia prudente con nosotros y facilitar a los viandantes la andadura por el asfalto. Otros, por el contrario, nos ignoran absolutamente como si fuéramos invisibles a sus ojos, o como si les molestara nuestra obligada presencia, y desafiantes, circulan bien pegaditos a su derecha sin importarles lo más mínimo la seguridad de los inofensivos viandantes.

Poco antes de abandonar la tortuosa carretera no topamos con Anna. La GRmana, sentada en el suelo y protegida por el quitamiedos, cura con esmero y delicadeza una inoportuna ampolla surgida en el talón de uno de sus maltrechos pies.
Finalizada la cura reemprendemos la marcha y por suerte, unos cientos de metros más adelante, por la izquierda de la carretera emerge una calzada asfaltada. La benefactora ronda (que avanza entre las plantaciones de árboles frutales y hortalizas) nos permite abandonar, por fin, la concurrida vía automovilística, recuperar la tranquilidad y reanudar las amenas conversaciones.

Aunque escasamente haya transcurrido una hora desde nuestro opíparo almuerzo, varios caminantes nos abalanzamos, desbocados, cual buitres hambrientos, a hurtar y devorar todo aquello que la naturaleza pone a nuestro alcance: naranjas, mandarinas, uvas, granadas, higos, caquis, nueces, almendras, tomates. ¡Suerte que GRManía solo transita por éstos lares de tarde en tarde, pues de lo contrario la merma en la cosecha arruinaría el bolsillo de los laboriosos y sufridos productores! ¡Menuda pandilla de cuatreros!

La sosegada calzada agrícola finaliza bajo los pilares de un par de largos puentes que enlazan los extremos de la carretera y aguantan el firme de la transitada vía automovilística. Una vez reagrupados, nos vemos obligados a trepar por una pronunciada pendiente, entre las columnas de hormigón, para alcanzar la superficie y desembocar en la Vía “Verda”. Por ella apenas caminamos durante un Km, pues de inmediato la abandonamos por la derecha y nos introducimos de nuevo entre los acampos de árboles frutales ¡Lástima que no quede ni un solo melocotón colgando de las ramas para variar un poco más la dieta!


En medio de las plantaciones emerge una solitaria masía protegida por canes de diversas razas. Al pasar por delante de ella, un par de “chuchos” envalentonados se encaminan amenazadores hacia nosotros por la espalada. Advertidos por sus feroces ladridos de aproximación, Antonio y yo nos vemos en la obligación de plantarles cara. Nos giramos hacia hostiles animales, nos agachamos, y nuestras gargantas emana una letanía de gritos salvajes, acompañados de una sarta de irrepetibles blasfemias hacia los belicosos perros. Añadimos a la demostración de rechazo, el inequívoco y firme gesto de proveernos de piedras para recibirlos a cantazo limpio, si persisten en su empeño de aproximarse. La maravillosa y realista  interpretación que hacemos para repeler el ataque, y nuestra velada amenaza, convence a los sabuesos de su craso error. Derrotados, la pareja de agresivos podencos detiene su ruidoso ataque y con el rabo entre las patas abandona la ofensiva, nos da su espalda y regresa desarmado con los suyos.

Según transcurren las horas del día el calor se va acrecentando y los Km comienzan a pesar en nuestras piernas. Aunque quizás lo que verdaderamente pese sean las mandarinas hurtadas que se amontonan en el interior de nuestras repletas mochilas. 

Al pasar junto a una nave soliaria, otro "chucho" belicoso se encara con "Pitu" y éste se ve obligado a blandir sus bastones para librase del ataque del feroz cuadrúpedo.

Poco a poco nos alejamos del Ebro y tomamos dirección rumbo Paüls, el cual se encuentra enclavado en las proximidades de la falda del “Parc Natural dels Ports”. Para acercarnos al lugar donde concluye la etapa, nos adentramos en el barranco de Xalamera y por un camino agrícola, amplio y bien conservado, vamos consumiendo, desperdigados, los últimos Km de la primera y exigente etapa de la nueva temporada.

El último Km de la dura travesía corresponde a una empinada cuesta que nos conducirá al poblado, final de la etapa. Allí, en el Bar Sant Roc, junto a la carretera, repantingados en sus sillas, bebiendo cerveza a toneles, atiborrándose de dulces y chorizo leonés, comiendo chocolate, almendras, aceitunas y otros extras, descansan y nos reciben, entre vítores y aplausos, nuestros reconfortados compañeros.

La vuelta a casa sumerge de nuevo al grupo en la modorra y los resoplidos se mezclan con el traqueteo del autocar, en su rodar por la autopista. El encantador silencio se rompe cuando el conductor disminuye la velocidad y se dirige al aparcamiento del área de servicio para descargar a los “playeros”. La parada en cuestión les viene de perlas a ciertos meones que, aprovechando la ocasión, descienden del vehículo y se adentran en el servico para liberar sus vejigas.
                                                                                                                                                    
Paüls, sábado 27 de septiembre de 2014






Bar Sant Roc (Paüls)


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 Cierre de temporada 2013-14.

¡Buenas tardes queridos GRManos!

Nos encontramos, aquí, en Can Caselles, compartiendo mesa y mantel, en alegre camaradería, y degustando estos exquisitos manjares, con el manido pretexto de echar el cierre a la temporada 2013-14.


Desde que iniciáramos este GR7, allá por septiembre de 2013, hasta el día de hoy, nueve meses de placentera gestación han conducido este imaginario embarazo, a través de trochas, veredas, caminos y asfalto, desde las alturas de Grau Roig hasta el lugar donde ahora nos encontramos.


Tras abandonar la Pirenaica Andorra, pusimos pie firme en el norte de Catalunya por el valle del Segre, en La Seu d’Urgell, para posteriormente atravesar la Cordillera Pre-Pirenaica y, en dirección sureste, adentrarnos en las comarcas del interior hasta alcanzar la del Anioa (Bellprat).


Al son de los cencerros y el trino de las aves; al compás de senderos y el canto de los ríos; cobijados a la sombra de árboles y esporádicas nubes, dimos rienda suelta a nuestra imaginación de caminantes aventureros.


Desperdigados, parsimoniosos y parlanchinamente despreocupados, avanzamos por bosques, praderas y poblados en pos de imaginarias metas, absorbiendo la paz y el sosiego que parajes, animales y gentes, apegadas a las tradiciones de la tierra, trasmitían y regalaban a los forasteros.


Cuán lejos queda, ya, la serena inmensidad de aquellas majestuosas montañas, cuyas cotas y valles se sucedían zigzagueantes como vertiginosos toboganes bravíos. Martirio agotador de acalambradas piernas y alocado desboque de palpitantes corazones; pero a la vez, de infinita alegría para los aletargados sentidos de nuestras urbanizadas almas y de aire, puro y limpio, para nuestros contaminados pulmones.


Parece que fue ayer cuando el otoño nos agasajaba con su precioso y cromático baile multicolor. Cuando el escasamente riguroso inverno nos amenazaba tibiamente con sus mansos rigores y nos obligaba a guarecernos bajo gorros y guantes. O cuando, finalmente, el maravilloso despertar de la primavera nos obsequiaba con el nacimiento a la nueva vida. Y sin embargo, amigos míos... nos encontramos otra vez, incrédulos, a las puertas de un nuevo y próximo verano. 


Como si se tratara de un pacto no escrito, ¡vete tú a saber si con Dios o con el Diablo!, la climatología siguió mostrándose magnánimamente benigna con el grupo. Escasas las inclemencias meteorológicas que nos acompañaron y exiguos, también, los pocos y llevaderos contratiempos que sufrimos a lo largo de la travesía. 


Muchas las anécdotas acontecidas; incontables las huellas que nuestros pies cincelaron en el transitar y, ¡cómo no!, abundantes las pérdidas que volvimos a padecer. ¡Idiosincrasia genuina del grupo! ¡Sin ellas no seríamos GRManía!


Más hoy, queridos compañeros/as de fatigas (dejando al margen el típico atracón en el cual nos excusamos siempre a la hora de conmemorar cualquier evento), quiero rescatar algo de nuestra, cada vez más marchita, memoria, retrotraerme en el tiempo y hacer un canto al idílico pasado. 


Seguro que los veteranos/as recordaréis con nostalgia aquellos años dorados en los cuales varios de vosotros/as realizasteis la misma travesía, pero entonces, en sentido contrario. Otros, menos afortunados, difícilmente podremos rebuscar en nuestros recuerdos nada relacionado con dicha aventura, pues ni siquiera éramos conocedores de la existencia de esta gran familia.


¡Cómo ha cambiado todo y hemos cambiado todos, en apenas dos décadas!


Diversos caminos por donde, entonces, damas y caballeros en la flor de la vida, enfangasteis vuestras raídas botas, hace tiempo desaparecieron sepultados bajo el desolador manto grisáceo del asfalto.


Alguno de los poblados donde los lugareños habitaban humildes moradas (mientras se sustentaban al cuidado de bestias y tierras de labranza) hoy, semiderruidos, vegetan agonizantes en búsqueda de un poco de oxígeno que les devuelva la gloria perdida.  


El mal llamado progreso ¡o no! se ha apropiado de paradisíacos lugares, acuchillando el paisaje con monstruosos inventos del desarrollo descontrolado y sustituyendo su virginal belleza por autopistas, carreteras secundarias y estrafalarios artilugios de la dichosa modernidad. 

De ciertos riachuelos y regueros que, otrora, discurrían sinfónicamente risueños al son de aguas cristalinas, hoy apenas quedan vestigios. Sus antiguos lechos, por aquellos días jubilosamente preñados de vida y alegría, hoy se marchitan áridos, yermos y pedregosos cual secos vientres de infecunda mula. 


¡Qué jóvenes éramos todos! ¿Verdad compañeros/as? Muchos de nosotros/as transitábamos desbocados, aun, por la treintena, la mayoría acababa de estrenar la sosegada cuarentena y raros eran aquellos/as que habían alcanzado ya la madura cincuentena. Sin embargo, a día de hoy, los achaques de la edad se han apoderado de nuestros maltrechos huesos, y escasos son los GRmanos que pueden presumir de los treinta, pocos los que se agarran a los cuarenta, muchos los que acarrean los cincuenta y varios los que conviven con los “jubilados” sesenta. 


Aunque bien mirado, amigos/as, conviene relativizar las cosas y apreciar los matices, pues en la vida no todo es…  blanco o negro, sino que impera un amplio y genuino abanico  multicolor. Mejor, entonces,  centrarse en lo bueno, que también ha habido ¡y mucho! (aunque nos cueste reconocerlo), aparcar los sinsabores y seguir sumando, pues a pesar de todo, ¡cumplir es vivir amigos míos! En definitiva,¡más años, sí, pero también más vivencias, más experiencia  y consecuentemente más sabiduría! La vida depende del enfoque que le demos cada cual, y tal y como afirma un antiguo proverbio… ¡Uno no deja de jugar cuando envejece, si no que envejece el día en que deja de jugar! Así pues, queridos míos, yo os invito a seguir jugando. Quizás no a los mimos juegos de antaño, pero sí a otros nuevos o diferentes, acordes a la época y las circunstancias, que seguro en nada tienen que envidiar a aquellos.


Para finalizar, y con vuestro permiso, regresaré efímera y momentáneamente al curioso término ése de “La Mayoría de edad” que anteriormente mencioné. 


Cuando se es niño sueñas con “ella” como el sediento lo hace con un inagotable manantial. Su espera transcurre interminable y el goteo de los días, hasta alcanzar la dicha, acontece con tal parsimoniosa y desesperante lentitud que parece materialmente imposible vislumbrar el final.


Más adelante, ya alcanzada la citada madurez, te vistes de largo, y vives y transitas por ella, desbocado y sin freno, sin percatarte apenas de la grandeza del pasajero momento, como si éste hubiera de permanecer por siempre imperecedero; hasta que de improvisto, y sin saber cómo, te percatas de que has emigrado a otro estrato y te has convertido en adulto. Entonces, encaneces y vuelves a idealizarla como si fuera una amante a la cual es del todo imposible olvidar.


Pero bueno, queridos/as GRManos, como probablemente alguno y alguna no entienda a qué tal anacronismo por parte de éste osado parlanchín, aparcaré mi desmesurada verborrea a fin de desvelaros un pequeño secreto. Aunque… ¿Quién sabe? ¡Ingenuo de mí! A lo peor el supuesto secreto no sea tal, pues, seguramente, ya será de sobra conocido por la mayoría de todos ustedes! 


Por si acaso... queridos/as… este año de 2014, GRMANÍA alcanza...  “LA MAYORÍA DE EDAD”. Sí, sí… señoras y señores... “SE NOS VISTE DE LARGO”… Qué mejor, entonces, que para celebrar su glorioso “DECIMOCTAVO ANIVERSARIO”, alcemos nuestras copas y brindemos por ella… LARGA Y GLORIOSA VIDA A GRAMANÍA!   


                                                             Can Caselles (Bellprat) Sábado 07 de junio de 2014. 





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