miércoles, 29 de marzo de 2017

GR4 Etapa 7 (18-03-2017)

GR4 Etapa 7 (18-03-2017)
Cabrianes - Sant Vicenç de Castellet.

Según canta el refranero, “lo bueno si breve, es dos veces bueno” pero este modesto escribano debe desconocer tal afirmación, pues no es precisamente la brevedad lo que destaca en sus interminables peroratas.

Intentaré, aunque solo sea por una vez, ser conciso en mis reflexiones y no andarme demasiado por los cerros de Úbeda. ¡Otra cosa es que lo consiga!

Después de un otoño de madrugones, este sábado nos permitimos el lujo de retrasar media hora la salida. Los últimos coletazos del invierno son ya evidentes y el alargar de los días hace que abandonemos la ciudad a plana luz solar.

El corto trayecto hasta Cabrianes no impide que los locuaces GRManos entablen amenas y enriquecedoras conversaciones sobre temas de actualidad.

Sin apenas nubes por el horizonte, la jornada se presenta propicia para caminar: La escarcha de la madrugada dormita en los sembrados y cubre de humedad los verdes campos. Los primeros rayos solares de la mañana hacen su apariencia y se reflejan, brillantes, en las múltiples gotas de agua que adornan las hojas de las tiernas plantas. Los pájaros revolotean alegremente, de aquí para allá, mientras  lanzan al aire sus felices trinos anunciando la proximidad de la nueva primavera.

De salida, partimos todos juntos por la carretera de Artés pues compartimos recorrido hasta El Pont de Vilomara, pero como suele ser habitual, antes de alcanzar el primer kilómetro, ya vamos todos desperdigados, y más que un grupo de caminantes parecemos un pelotón de ciclistas ascendiendo las durísimas rampas de un puerto de primera. ¡No hay más cera que la que arde, Florenci!  ¡Así nacimos, así crecimos y así pereceremos! ¡Antes muertos que agrupados!

Poco antes de alcanzar Torrellla de Baix, cuando nos disponemos a abandonar el duro asfalto y adentrarnos en la campiña, procedemos a la primera reagrupación de la jornada y allí nos damos cuenta de que Rafael se ha extraviado. Al parecer el artista iba tan enfrascado en sus pictóricos quehaceres paisajísticos que se ha despistado y ha cogido una ruta equivocada. Nadie, sin embargo, parece preocupado por la ausencia del errático caminante. Es tal la confianza que tenemos en la pericia y la capacidad de orientación del descaminado, que ninguno de nosotros duda de que con su amplia zancada pronto volverá a estar integrado en el panchovillesco grupo.

A la altura del kilómetro 5 cruzamos la carreta de Vic, dejando a nuestra derecha Sant Fruitós. Poco después alcanzamos la cuenca de Llobregat y caminamos en sentido descendente junto al río durante un buen rato. Mientras avanzamos en paralelo a la vera de la exigua corriente pasamos junto al Pont de Cabrianes y vamos bordeando la cuenca del calmoso caudal hasta dejar Navarcles, que queda a nuestra izquierda.

Hacia las diez de la mañana llegamos al Monasterio de Sant Benet del Bages. ¡No para rezar, ayunar, hacer penitencia, o redimirnos de nuestros pecados, sino para desayunar dando buena cuenta de los manjares que rellenan nuestros deliciosos bocadillos!  
Sea, o no, cuestión de habilidad, azar, o tal vez atraído por el olor de los bocatas, la cuestión es que a la hora del desayuno, en la explanada que separa el devoto Monasterio de San Benet de la cuenca fluvial, el errático caminante vuelve a formar parte de la manada. Total… ¿Qué son un par de kilómetros de pérdida para él andarín?

Mientras desayunamos, los cuerdos senderistas amantes de la responsabilidad y el orden, (¡que los hay!) expresan sus discrepancias con el proceder de aquellos libertarios que marchan a sus anchas. ¿A qué obedece tal desmadre en el grupo? ¿Dónde nace nuestra incapacidad para caminar agrupados? ¿Después de tantas décadas pateando senderos, será posible que algún día avancemos juntos?

¡Tranquilo Comandante Pepe, que oírte te oímos, lo que sucede es que no te escuchamos! ¡Y… no sufras por nuestro caos, Florenci, pues el orden de este grupo radica en su total desorganización al andar! ¡Mientras los/las que coordinan temporadas, calendarios, recorridos, etapas, tracks, viajes, cuentas, comilonas, festejos y demás logística sigan cuerdos, el grupo funcionará por inercia!

Una vez concluida la ingesta de alimentos y con las fuerzas renovadas gracias a los generosos tentempiés, la compañía de andarines se divide en los dos habituales grupos: el A con meta en Sant Vicenç i el B con destino al Pont de Vilomara.

Al bordear el edificio del Monasterio de Sant Benet, los CorreManos integrantes del grupo A se lanzan al galope tendido y en apenas unos minutos los sosegados que viajamos en el pelotón de cola ya los hemos perdido de vista. ¡Ya nos esperaran si quieren!

Desde el lugar de culto y recogimiento hasta El Pont de Vilumara, el recorrido (un continuo tobogán de subidas y bajas por una pista forestal que alterna con algún que otro sendero estrecho, pedregoso e incómodo de transitar) discurre por entre la humilde cuenca del manso Llobregat y la disecada Riera de Mura.

La ausencia de nubes nos permite distinguir con claridad las alejadas edificaciones de Manresa, al oeste; las estribaciones de la Sierra de Sant Llorenç de Munt, al este; la inconfundible silueta de la mágica Montserrat, envuelta entre la calima, al sur; y las imponentes cumbres, aun emblanqueadas, de los Pirineos, al norte.

Alejados del ruidoso trajinar de las urbes, vamos caminando junto zonas de arbolado (principalmente pinos y encinas); amplios terrenos poblados de retama a punto de florecer, arbustos, romero en flor y otras plantas silvestres; escarpados bancales cubiertos de maleza que antaño fueran viñedos y hoy languidecen abandonados al olvido; jóvenes campos de cereales que lucen un verde resplandeciente; rieras, regatos y cuencas completamente disecados por la escasez de lluvia; construcciones de granito, medio derruidas, que en otra época sirvieron como tinas para almacenar la cosecha vitícola; ermitas en estado ciertamente ruinoso y solitarias masías.

Hacia las 12 del mediodía los rezagados del grupo A alcanzamos las afueras del Pont de Vilomara (final de trayecto para los colegas del grupo B). Tras bordear el sector industrial ascendemos por una empinada cuesta sin adentrarnos en el poblado. De improviso, como surgido de la nada, aparece ante nosotros Rafael, al que creíamos por delante. Parece ser que el hombre y su cámara se han vuelto a despistar para añadir a sus piernas un par de kilómetros extras al recorrido programado.
Una vez dejada atrás la población del Pont de Vilomara acometemos las rampas más duras de la jornada. Nos adentramos en el Parque Natural de la Serra de Sant Llorenç de Munt i l’Obac ascendiendo las lomas del Serrat dels Trons, por una amplia y zigzagueante pista forestal, hasta alcanzar la cota en Sant Jaume de Vallhonesta. Allí destacan las ruinas del antiguo Hostal y la restaurada ermita que dieron nombre el citado lugar (¡cerrada por cierto!), y una decrépita fuente de la que mana un hilillo de agua potable que a duras penas nos permite repostar y rellenar nuestras agotadas cantimploras.

Una vez reagrupados, y tras despedirnos de un trío de senderistas parapetados junto a una inmensa estelada extendida en el suelo, reemprendemos la marcha, en por un estrecho sendero en descenso, en dirección al Torrent del Rubio, el cual discurre más seco que la mojama.

Cruzamos por unas lanchas que sirven de lecho al reseco cauce del torrente y volvemos a ascender levemente por una senda entre matorrales, hasta alcanzar la ermita de Sant Pere de Vallhonesta y la impecable Font del Pit Roig. A pesar de nuestro loable intento por visitar el templo, el mismo permanece cerrado y ello nos impide plantearnos el más mínimo rezo.

La parte final del recorrido discurre por un sendero en descenso hasta llegar a la meta, la cual alcanzamos pasadas las trece horas.

Al vislumbrar las primeras edificaciones de Sant Vicenç de Castellet nos vemos en la necesidad de cruzar por encima del puente que franquea la Autopista de Montserrat. Poco después nos adentrarnos en las primeras calles de la población, y minutos más tarde nos topamos con la vía del tren que, seccionando el poblado, nos obliga a un leve rodeo para poder salvarla por la zona de seguridad.  

Caminando sin rumbo fijo por la calle General Prim nos presentamos, de milagro, en las inmediaciones de la Plaza del Pí, lugar que se halla a escasos metros de donde nos aguardan el resto de descansados GRManos.

Una llamada telefónica nos permite localizar correctamente el punto de encuentro con nuestros compañeros y compañeras, y tras cruzar  nuevamente la vía férrea, esta vez por debajo de un puente, nos presentamos en el lugar convenido: El Bar el Racó d’en Manel.

Aposentados en nuestras respectivas sillas disponemos nuestra comida del medio día con la esperanza de ser rápidamente atendidos por el camarero que sirve la terraza. Mientras se produce espera desempaquetamos las viandas y algunos, a secas, comenzamos a dar buena cuenta de ellas. La poca destreza del camarero, o nuestra absoluta invisibilidad a sus clausurados ojos, nos obliga a levantarnos y acercarnos a la barra para demandar la ansiada y espumosa jarra de cerveza, pues corremos el riesgo de que caiga en el olvido nuestro pedido y que debamos tomarnos la espumosa rubia a la hora del café y no en el momento de la ingesta del condumio. ¡Qué falta de ganas de trabajar o incompetencia lucen algunos!

Prevenidos de lo que nos espera a la hora del café, Antonia, bolígrafo y papel en mano, toma cartas en el asunto y anota los pedidos cafeteros para que no nos den las tantas. Poco después algunos/as compañeros de fatigas se desplazan a la barra para acarrear y servirnos los cafés demandados. ¡Gracias compañeras/os por vuestro generoso acto! ¡Que Dios os lo pague que tiene buena bolsa!

Concluida la sobremesa recogemos bártulos y partimos rumbo a Terrassa, a la que llegamos a una hora inhabitual, apenas sobrasadas las cuatro de la tarde.


Restaurant El Racó d’en Manel
Plaça Generalitat, 4-5,
08295 Sant Vicenç de Castellet
Barcelona
Tel.:   34 938 33 06 97
 
https://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g1235036-d8261134-Reviews-El_Raco_d_en_Manel-Sant_Vicenc_de_Castellet_Catalonia.html

Blog de GRManía:

Sant Vicenç de Castellet
Sábado, 18 de marzo de 2017.

domingo, 26 de febrero de 2017

GR4 Etapa 6 (18-02-2017)

GR4 Etapa 6 (18-02-2017) 
Sant Pau de Pinós - Cabrianes. 

A caballo entre la comercial festividad de San Valentín y el bullicioso ajetreo Carnavalero, unos pocos GRManos nos disponemos a oxigenar nuestros castigados organismos con los beneficios que nos regala la bendita naturaleza. 

A pesar de que no hay previsto ningún contratiempo atmosférico para la jornada sabatina; de que el recorrido no es demasiado exigente en cuanto al desnivel; de que los parajes a transitar se adivinan gratificantes según los expertos; de que ya nota el crecer de los días; y de que el desplazamiento es al lugar es ciertamente corto y llevadero, el número de ausencias y bajas de última hora es muy elevado.

Ya sea por los compromisos adquiridos con anterioridad; a causa de viajes de placer; por alguna ligera indisposición transitoria; o principalmente por que la distancia a recorrer durante la etapa es bastante más larga de la acostumbrada, el caso es que a la hora convenida no alcanzamos ni siquiera la treintena.

Dadas las características de la etapa, y siguiendo las directrices de los avezados, hoy más que nunca, todos tenemos claro en qué grupo debemos integrarnos para no eternizar la jornada. Así, los del B acometerán la segunda mitad del recorrido (unos 18 Kms) mientras que los del A realizarán la totalidad del mismo (32 Kms).

En el desplazamiento desde Terrassa hasta Sant Pau de Pinós, la oscuridad se va desvaneciendo y de las tinieblas emerge una espesa niebla que enmascara el paisaje y se afana, desesperada, por ocultar con su grisáceo tul los emergentes rayos solares del nuevo amanecer, sabedora de que su derrota es inminente.

Al alcanzar el punto de partida, los andarines del grupo A nos despedimos de nuestros colegas del B y descendemos, alegres y vivarachos, del autocar.

Nada más poner pie en tierra nos percatamos de que la mañana es húmeda y fresquita. Las lluvias de las últimas semanas han empapado el terreno y la vegetación muestra agradecida los benéficos del riego celestial. Los matorrales verdean; las hojas de los árboles relucen su esplendor; los caminos se visten, salteados aquí y allá, de charcos y barrizales; y los campos de cereales luchan jubilosos por abandonar el entierro invernal y ver al cielo. Mientras el tibio sol se despereza lentamente por encima de las lomas que pueblan el horizonte, los valles languidecen ocultos bajo el manto de la silenciosa y algodonada niebla.

Apenas iniciada la marcha y adentrarnos en el bosque, el grupo A se divide en dos secciones: Una formada por seis agitados, raudos, alocados e intrépidos GRDores que emprenden la huida a velocidad  de vértigo, cual alma que lleva el diablo, bajo el lema de ¡Sálvese quien pueda! Y una segunda formada por otros siete GRManos, más cuerdos, relajados y tranquilos que aquellos, convencidos de que tarde o temprano alcanzaremos la meta y nos reuniremos con los demás.

Los primeros kilómetros del trayecto son un constante descenso por el barranco de Rocafesa. Poco después acometemos una leve subida  y nos topamos con la solitaria ermita de St. Amanç de Pedrós y  más adelante con la de St. Jordi Lloberes. Recién sobrepasada esta última contactamos con los compañeros, que suponemos van por delante, para que localicen un lugar donde reagruparnos y  poder desayunar. Pero para sorpresa general, éstos se han perdido en un cruce del camino, han recorrido más de un Km con rumbo equivocado, y desandando sus pasos, transitan por detrás nuestro con un cuarto de hora de retraso.

Hacia las nueve y media de la mañana, por los altos de Can Cornet, a la vera del  camino rural, emerge  la ermita de St. Miquel Nou (de la parroquia de St. Miquel de Terradelles). Allí detenemos nuestros pasos, nos acomodarnos en los poyos de piedra que rodean las paredes del edificio y, conversando sobre temas de actualidad, reponemos fuerzas a la esperar a los extraviados, los cuales son recibidos con generosa algarabía. Con fruición, todos engullimos nuestros ricos bocatas, menos Evaristo que, fiel a su tradición, huye de pan, embutidos y demás alimentos calóricos y, en pie, se zampa, impertérrito, su ración de frutos secos.

Luego de regar generosamente el buche, con el vino de la bota, y atiborrados de los habitualmente compartidos extras: frutos secos, galletas, chocolates, dulces… recogemos los bártulos y nos disponemos a reanudar nuevamente la marcha.

Mientras los más pausados nos colgamos la mochila a la espalda para partir, vemos salir en estampida a cinco GRDores (Antonio, Carlos, Evaristo, Joan Lluis y Rafael), los cuales desaparecen definitivamente de nuestra vista en el primer recodo del camino, y para el resto de la jornada, cual alma que lleve el diablo.  

A medida que el sol gana altura por el horizonte y la niebla se va desvaneciendo, los 8 de la retaguardia (Ana, Dolors, Antonio D.,  Paco O., Paco V., Pitu, Josep F., y el escribano) avanzamos, sin prisa pero sin pausa, por caminos, pistas, veredas y senderos. En nuestro transitar por la reluciente campiña vamos dejando atrás hermosas masías y milenarias ermitas, sorteando renacientes campos de cultivo y  salvando cauces de regueros de  lluvia ocasional. La ondulada orografía de la zona nos obliga a un constante tobogán de subidas y bajadas. A cada descenso a la planicie de los valles le precede la correspondiente subida a las lomas que, aunque cortas y no demasiado pronunciadas, desperdigan al grupo de los/las  rezagados. Sin embargo, en nuestra sección hoy  impera la camaradería y en lo alto de cada cima los primeros detienen sus pasos para esperar la llegada de los más rezagados. Del grupo de la avanzadilla… ¡Imposible establecer contacto!

Hacia el mediodía, tras dejar atrás Can Coll y la ermita de Cornet, avanzamos por el camino de Soler hasta alcanzar la intersección de éste con la carretera BP4313 que marca la mitad aproximada del recorrido de la etapa. Desde allí, de buena mañana, relajados, agrupados y sin prisa alguna, debieron partieron en compacta armonía nuestros queridos compañeros del grupo B, en pos de Cabrianes.

Llegados a este punto, desconocernos por donde deambulan esos supuestos compañeros del grupo A. Por cauces secretos llegan noticias sin confirmar que  afirman haber visto a los GRDores lanzarse a la carrera en varios de los tramos en descenso. Igualmente se comenta que uno de ellos va echando los bofes intentando no perder el contacto con los demás. ¡Menuda tropa de desalmados!

Recién cruzada la vía automovilística nos topamos con una gran masía rodeada de edificios anexos. Una señalización algo confusa en el GR-4, nos lleva al engaño y sin darnos cuenta nos salimos del track. Al percatarnos de nuestro error detenemos la marcha y comenzamos a vociferar a los “perdidos” Paco O. y Ana (que estaban a punto de coronar el alto y toparse con la pista forestal) para que retrocedan sobre sus pasos y se regresen al camino “correcto”. Entre idas y venidas perdemos otra media hora con respecto a los avanzados del grupo A.

Al reagruparnos de nuevo, Paco O. expresa su presentimiento de que la ruta que él llevaba acababa convergiendo con el Track, pero decidimos ignorar su augurio, hacer caso a la moderna tecnología y continuar por la ruta que el GPs nos marca. Craso error el nuestro, pues el presentimiento  de Paco era correcto, y la senda que suponíamos errónea nos hubiera ahorrado casi una hora del trayecto.

Después de casi dos horas incomunicados, contactamos de nuevamente con los GRDores y no enteramos, contrariados, que los listillos, haciendo caso omiso del Track, han continuado por la ruta incorrecta, han acortado considerablemente su trayecto y, entre unas cosas y otras, nos aventajan en algo más de una hora.

Aunque el perfil general de la etapa es en descenso, nos hemos visto obligados a acometer varias remontadas para coronar las diversas colinas que separaban las diferentes vertientes y sus respectivas planicies.

Desde las alturas, y cuando el arbolado no nos lo impedía, hemos ido observando embelesados la preciosidad del paraje que nos rodeaba. Las nevadas cumbres del Pirineo a nuestra espalda; las diversas estribaciones montañosas del Bàges, en todos los sentidos; el Montcau y St. LLorenç al este; la magnífica montaña de Montserrat al sur; y, diseminadas por doquier en hondonadas, explanadas  y laderas, sucediéndose en la distancia, multitud de majestuosas masías y varias ermitas presidiendo las diversas propiedades: cultivos, praderas y bosques.

Por la mente quien vivió y disfrutó de su infancia en el mundo rural, discurren con la nitidez de las vivencias, los recuerdos de antaño. De las gruesas paredes de las imponentes edificaciones renacen la oscuridad impenetrable de las tinieblas y el silencio sepulcral de las noches, solo roto por el ladrido de algún que otro perro. El nuevo amanecer anunciado por el canto del gallo. El madrugador desperezar de los labriegos y las abnegadas amas de casa dispuestos a encarar una nueva jornada, ellos en el campo y ellas tras las duras tareas del hogar. El humo que emerge por la chimenea originado en la leña que prende en la lumbre, templa la estancia y cocina las viandas de la olla. El aire mezclado diversos aromas: pan recién horneado, aceite casero que abrillanta la rebanada colmada de embutidos, y el del café que emana del puchero, con el del estiércol que emana de las cuadras. El remanso de paz del lugar, alterado por la salida en estampida de un niño despeinado, calzado con raídas alpargatas, que abandona el calor del hogar para juguetear con el chucho bobalicón que colea bajo el quicio de la puerta. El estruendo del gallinero cuando el ínclito  zagal se adentra en el viejo cobertizo, alborota las gallinas y huye despavorido del altivo gallo del Prat. La paz que transmite la pequeña de la casa, tocada con coletas a medio hacer por mor de la almohada, mientras juguetea en el banco de piedra que hay frente a la puerta con el gatito de pelaje atigrado que, cola alzada, ronronea al son de las caricias de su delicada protectora. El mugir de las vacas y el gruñir de los cerdos, reclamando la presencia del amo para que les de comer o les saque al exterior. En la explanada que preside la mansión, el todoterreno, la motocicleta, el tractor y la moderna maquinaria han sido sustituidos por el robusto carro de madera, el borrico con las aguaderas, el arado de reja y el resto de rudimentarios aperos de labranza.

Avanza la mañana y luce el tibio sol invernal. Los saltarines gorriones picotean junto al estercolero en búsqueda de algún grano que llevarse al gaznate.

De repente, por un recodo del camino que nace tras la arboleda aparece el audaz vendedor ambulante montado en su rudimentaria bicicleta. Viene cargado hasta los topes de artículos de primera necesidad (unos, encargados en su última vista a la masía y otros, modernos, de nueva cuña, con los cuales pretende engatusar a los austeros lugareños). Según la ocasión, el negocio fructifica mediante el pago en metálico del precio convenido (tras un largo y divertido regateo), y otras por el  truque de mercancías entre los interlocutores. De tal guisa, el hábil comerciante engorda su famélica cartera proporcionando a los señores del campo enseres que difícilmente podrían adquirir si no fuera desplazándose a las lejanas urbes.

A la hora de comer, atraído por el olor de la olla, la carne a la brasa, los calçots, las secas con butifarra o los dulces caseros, como caído del cielo, aparece el señor cura vestido con su negra sotana para reconfortar el alma de files. En pago a su generosa bendición, el mosén se acomoda a la mesa junto a la familia para engullir vorazmente los manjares que la dueña sirve a los comensales, mientras, levantando el codo, riega el gaznate con largos tragos de vino del porrón. Tras la copita de cazalla, la siesta y los ronquidos al calor del hogar el de la toga negra abandona la estancia prometiendo volver lo antes posible ¡Queden con Dios!   

La jornada discurre lentamente hacia la tarde y transporta al caminante en torno a mesa y mantel que presidió el cura. ¡Huele a escudella!  Mas la proximidad del final de la etapa impiden al soñador rememorar los recuerdos que emanan de las vespertinas tardes de pan con chocolate, dulces, juegos de infancia, carreras alocadas, renacuajos, recados al vecindario, paseos a lomo del caballo por las fincas, o de acompañar, con desgana, a los adultos a las tareas campestres.

Pasamos de soslayo por fincas valladas en la cuales permanecen encerradas, tras el alambre, algunas vacas y sus respectivas crías. Una de estas madres, vigilante, protege a sus dos terneros, recién nacidos, de la provocadora curiosidad de los caminantes del grupo B, amenazando a aquellos atrevidos intrusos que osan acercarse al vallado para fotografiar al admirable trío de bovinos.  

Para no romper la tradición GRMana pasamos de largo por la ermita de St Martí de Sehrrahima, preciosa por fuera y bien conservada. El místico lugar  fue antaño lugar de reunión dominical y centro social de los habitantes de la zona. Sus recias  paredes resultaron ser testigos silenciosos de la vida que guardan en el recuerdo dimes y diretes, chismorreos, noticas veraces e infinidad de bulos inventados,  encuentros ocasionales, aventuras y desventuras amorosas y también de algún que otro momento para encomendarse al altísimo. Su historia viene marcada por antiguas celebraciones eclesiásticas cada vez menos frecuentes: Sepelios, bodas, bautizos, comuniones, fiestas patronales y/o religiosas, ya casi en desuso.  
La parte final de la larga etapa discurre por un largo y pronunciado descenso que, al verse interrumpido por una corta pero exigente subida, agota nuestras fuerzas.

En las proximidades de Cabrines, a la derecha del camino, destaca un antiguo horno de cal medio en ruinas, mientras, a la izquierda, un nutrido rebaño de ovejas merinas pace mansamente en la pradera colindante al camino. A cierta distancia de las ovinas, ojo avizor, permanece vigilante el curtido pastor, enjuto, demacrado y entrado en años, descansando sus posaderas en el duro suelo, junto a su fiel can, al calor de los rayos solares de tibia tarde invernal.

Hacia las 14:40 rodeamos un polígono industrial situado en las proximidades del poblado y cinco minutos después, tras superar la monstruosa y horripilante edificación de estructura de cemento, nos dirigimos por una carretera asfaltada hasta alcanzar el autocar que, con las puertas abiertas, nos recibe al fondo.

Una hora y media después de que los GRDores del grupo A finalizaran la etapa, y con algo más de retaso con respecto o compañeros del grupo B, damos por concluida la larga etapa, nos aposentamos en las sillas del Bar La Closca y nos disponemos a vaciar nuestras fiambreras y degustar la tradicional jarra cervezera.


Restaurant "La Closca" (Cabrianes)
Serrat de Contacorbs
08513 Prats de Lluçanès
Barcelona
Tel.:        93 850 81 25
Mòbil:     699 922 742


Blog de GRManía:

Cabrianes
Sábado, 18 de febrero de 2017.

martes, 3 de enero de 2017

GR4 Etapa 4 (17-12-2016)


GR4 Etapa 4 (17-12-2016)
Borredà – Sagàs.

Hoy me voy a tomar la libertad de empezar por el final y dedicar unas líneas de agradecimiento a los responsables de que este Panchovillesco ejército, conocido como GRManía, funcione a las mil maravillas. Sirva, por tanto, esta crónica, para homenajear a todas y todos aquellos GRManos que desinteresadamente dedican parte de su preciado tiempo a la organización de los diferentes eventos del grupo tales como: La elección de los recorridos y la preparación de las etapas; la adaptación y puesta en común de los Tracks para nuestros denostados GPS’s; la contratación de autocar; la convocatoria para apuntarse a las etapas; la búsqueda de Bares que nos permitan apalancarnos en sus locales para beber de lo suyo y comer de lo nuestro; las arduas negociaciones con los tacaños propietarios de los Restaurantes parar escoger menús que den conformidad al bolsillo y al gusto de los hambrientos; a lucha sin cuartel para que los despistados anoten los platos de su preferencia; la provisión, el reparto y el cobro de la esquiva lotería de Navidad; la reserva y el sufragio de la salvadora luminteta; el encargo, abono y custodia de la “Panera”; la liquidación de los gastos, viajes y extras, y el mantenimiento, al día, de la contabilidad  de la “empresa; la sesuda y acertada elaboración de discursos y abecedarios, las atinadas, sentidas e insuperables rimas de nuestro versado trovador, la adaptación de canciones, y demás actos de cultivo mental; la elección y el encargo de los obsequios de temporada; el montaje de audiovisuales para recordar y amenizar los eventos; la plasmación de los variados y múltiples aconteceres camineros con las cámaras de nuestros inigualables reporteros y las avezadas plumas de los hirientes escribanos; los trabajos, en la sombra, de aportar ideas, comprar, reprografía, adecentar, coordinar, y demás menesteres necesarios para todas y cada una de las actuaciones del grupo; la de que no nos falte el vino;  y la de aquellos otros necesarios actos que mi desmemoriada y embotada mente es ya incapaz de recordar… ¡Gracias a todos/as!

¡Repartido el jabón, vayamos al grano!

Existe un dicho anónimo que afirma que quienes viajamos lo vivimos 3 veces: cuando lo soñamos, cuando lo realizamos, y cuando lo recordamos”, y tal postulado podríamos aplicarlo, sin ningún género de dudas, a lo que nos espera en la etapa de hoy. Son tantos los días dedicados a la preparación de la jornada festiva que cerrará el año natural, y en la cual homenajearemos a nuestro jefe y fundador Don José Hervás, que la mayoría de nosotros, cuando llegue la hora de la verdad, tendremos la sensación de que ya hemos pasado por ese trance, lo viviremos con la responsabilidad de que todo salga perfectamente, y nos quedará para el recuerdo el desarrollo de los acontecimientos.

Después de casi un mes de preparativos en la sombra y a escondidas del fundador (¡y  no me refiero al coñac!), hoy por fin llega el gran día: Fin de año, comilona y fiesta en honor a nuestro Comandante en jefe: Pepe, Alias Don José. Alguno o alguna podrían pensar que muchos y muchas GRamanos alcanzaron el retiro antes que él y a ninguno se le hizo una fiesta de tamaña envergadura, de lo que se deduce que no es una fiesta por su jubilación, sino un reconocimiento a su persona por el empeño en crear, mantener y mejorar la historia de GRManía.

Como pájaro del mal agüero, la caprichosa jornada sabatina amanece lluviosa por tierras de Egara y ello nos obliga a los más previsores caminantes a acarrear con bolsas de recambio por si el aguacero cala nuestros avejentados huesos.

Durante los primeros kilómetros de avanzar en dirección al norte por la oscura autopista una fina lluvia se estampa contra la luna delantera de nuestro atestado autocar. Sin embargo, a medida que nos alejamos del Vallés Occidental y nos adentrarnos en la comarca del Bages la llovizna comienza a remitir y, mientras clarea el alba, el azul cielo va sustituyendo a los nubarrones en el horizonte. ¡Una jornada como ésta bien merece un tiempo acorde a la celebración!

Cumpliendo con su promesa de invitar a los caminantes a un bocata de jamón para el desayuno, Pepe y sus ayudantes distribuyen los emparedados mientras avanzamos por la autopista. De nada sirven nuestras lastimeras quejas para que el Comandante acarree con el alimento durante los primeros kilómetros del recorrido (hasta alcanzar el lugar del desayuno) y allí haga la ceremonia oficial de entrega del presente. ¡Nada… a cargar nosotros con el peso! ¡Qué remedio!

Al fondo, sin miedo a perturbar el sueño de aquellos que prefieren descansar, los voceros de siempre vamos conversando sobre la proximidad del solsticio de invierno. Y como la cuestión es porfiar, discutimos sobre el tema como verdaderos expertos en el tema. ¡Convencidos, todos, de ser los garantes de la verdad!

Recién sobrepasada la “Patúnica” Berga, abandonamos la autovía C-16, atravesamos el Pantano de La Baells y tras un largo trecho por la solitaria y serpenteante C-26 alcanzamos el punto de partida: Borredà.

Los Dioses de la meteorología parecen haberse apiadado de nosotros y, por la zona, el día amanece despejado y benévolo. ¡Fuera bolsas de recambio!

Una vez acicalados para la ocasión, el pelotón se pone en marcha, descendiendo a ritmos bien diferentes, como no podía ser de otra forma, por las afueras de Borredà hasta alcanzar la Riera de Mergançol, la cual cruzamos por un puente cargado en años. A pesar de que apenas llevamos unos seiscientos metros de recorrido allí se produce la primera reagrupación de la jornada pues el objetivo del día ¡ilusos! es transitar en grupo la mayor parte de la etapa. De nada servirá llegar el primero si el autocar deberá esperar al último para dirigirnos al Restaurante.

Salvado el escuálido cauce de la riera emprendemos una subida de un par de kilómetros por una empinada cuesta, alguno de cuyos tramos está adecentado como si fuera un escalera urbana, hasta alcanzar un solitario Santuario que ninguno se digna a visitar. ¡Todos viajamos con la mochila vacía de culpas!

Transcurrida una hora de caminata alcanzamos la cota de la jornada. Allí nos   reagruparnos nuevamente y permanecemos a la espera de uno de los miembros de GRManía que ha padecido una indisposición transitoria, y se ha visto obligado a aminorar el ritmo de su marcha, y de nuestro particular coche escoba (Pepe) que se ha mantenido al lado de la indispuesta, dándole ánimos y acompasando sus pasos a los de ésta en los últimos metros de ascenso a los cielos.
Mientras ascendíamos, las nubes han vuelto a cubrir el horizonte y la humedad y el frío hacen mella en los caminantes que se mantienen estacionadoss. Sobre todo en aquellos osados que se han despojado de la empapada ropa de abrigo para permitir una mejor transpiración tras el esfuerzo de la subida.

Luego de un buen rato varados en un recodo del camino, chismorreando sobre la sorpresa que le vamos a dar a nuestro jefe supremo, a algunos la espera se les hace demasiado tediosa, y al conocer que la indispuesta y el guía se encuentran a punto de alcanzar a los anclados, y en condiciones de continuar con la marcha, se ponen de nuevo danza por una senda que discurre entre las estribaciones de la Serra de Picancel, a nuestra derecha, y la Riera de Merlés, a nuestra izquierda.

A medida que discurre la mañana el sol vuelve a ganar el duelo a los nubarrones, y tras una ardua búsqueda, el GRMano Señor Vitoria localiza una pedregosa explanada donde detenernos y proceder a dar buena cuenta del bocata jamonero que con cariño y esmero nos han preparado el Comandante y la enfermera.

Sabiendo que será el último mohicano en aparecer por el improvisado comedor, le aguardamos a escondidas, sentados y parapetados tras las letrillas de una alocada canción, para darle el primer homenaje de la mañana. La desentonada tonadilla, interpretada a múltiples voces sin coordinar, emociona al sorprendido caminante. Deducimos que por lo inesperado del detalle, pues la calidad musical del concierto es tan patética que más bien invita a derramar lágrimas de pena.

El momento del desayuno se convierte en un instante de dicha y disfrute general. Mientras engullimos el pernil, el tibio sol invernal reconforta al personal, corre el vino a raudales, se agudiza el sentido del humor, se desatan las risas, la alegría impregna el ambiente, y para postre, nuestros estómagos agradecidos se zampan, en un abrir y cerrar de ojos, los bombones que Pili ha traído para celebrar su reciente jubilación. ¡Otra más al redil de los no laboriosos! ¡Pronto habrá que hacer una fiesta al GRMano que trabaje! ¡Negro futuro el de este país!

Ingerido el desayuno nos ponemos en danza y avanzamos por un inclinado, estrecho y pedregoso canal dispuestos a salvar los muchos kilómetros de la etapa que aún nos quedan por recorrer. El ritmo de la marcha es tan parsimonioso y decadente que suerte que estos muchos kilómetros del día de hoy son pocos, pues de lo contrario alcanzaríamos la meta y comeríamos a la hora de cenar.

Un apretón mañanero me obliga a hacer una parada a escondidas entre el follaje y cuando emerjo de entre las punzantes ramas me percato de que transito en el pelotón de los rezagados. Allí viajan también: Rosa G, José C, Alexei, Pili, Fina G, Sonsoles, Ginés, José A. y el recolector oficial de GRManía, Don Pepe.

Una vez finalizado el descenso alcanzamos la planicie y nos topamos de bruces con una montaña en cuya cima se sitúa el Santuari de la Mare de Déu de la Quar, el cual, y fieles a nuestra sana costumbre, pasamos de largo sin visitar.

Los del furgón de cola avanzamos juntos hasta alcanzar el Hostal Sant Maurici (La Quar) y las edificaciones del lugar, y allí descabalgan definitivamente: Rosa G, José C, Alexei, Pili y Fina G en espera del benigno autocar. ¡Ni un paso más!
Los demás continuamos carreta abajo tras los pasos de nuestros compañeros de avanzadilla hasta alcanzar Sagás. Allí, aparcado junto a la carretera, se halla el autocar dispuesto a recoger a los que no deseen continuar hasta el final.

Como la hora aun lo permite decido continuar en solitario hasta el final, la Roca: Me lanzo, así, por el Valle del Lluçanés toda pastilla en un intento ¿baldío? de dar alcance a mis compañeros de aventuras. El ritmo que impongo a mi marcha es tan frenético que  al instante comienzo a sudar como un pollo encerrado en una sauna. En una de las intersecciones del camino me detengo y tras comprobar los datos de mi GPs me percato de que hay un sendero, fuera pista, que conduce al punto de destino evitándome dar un buen rodeo. No sin cierto temor a meter la pata y extraviarme me lanzo a toda pastilla hacía el objetivo final. A la salida de una curva del camino observo con inusitado placer la idoneidad de actuación. Mi alocado proceder me ha permitido no solo recortar la ventaja de mis compañeros, sino adelantar a un buen número de ellos, los cuales no acaban de entender a qué milagro se debe la aparición repentina de aquel caminante sin rumbo.

Concluida la etapa festiva sin percance alguno nos acomodamos en el autocar para dirigirnos al Restaurante  "Cal Quico" de Parts de Lluçanés. En el trayecto, algunos de los higienizados de atrás nos deprendemos de nuestras apestosas y zorrunas prendas de caminar y ¡torso al aire! las sustituimos por otras limpias y perfumadas. ¡No es cuestión de dar el cante a la hora de comer! ¡Finos y aseados que somos!

Al poco de adentrarnos en el Restaurante y asearnos un poquito en el servicio del establecimiento, nos distribuimos en las mesas por afinidades y poco después comienza el Mercadillo Persa típico de la Fiestas Navideñas que se avecinan: La habitual venta de la lotería, el abono de la Lumineta, el reparto de diversas participaciones, el desembolso de los gastos de la jornada festiva…. En definitiva, que movemos más dinero nosotros en esta jornada del que desgraciadamente los corruptos mandatarios que nos desgobiernan, roban, espolian y saquean han dejado en nuestra esquilmada hucha de la Pensiones. ¡Malditos miserables!

Gracias al acierto y al buen negociar de Maribel, la comida es todo un manjar y, con nuestra voracidad habitual, damos buena cuenta, sin rechistar, de todas y cada una de las viandas que van apareciendo encima de nuestros platos.

El acto festivo en homenaje a nuestro loado comandante parece todo un éxito, o al menos aparentemente ¡eso creemos! parece ser que hemos conseguimos tocar la fibra sentimental de nuestro querido fundador. ¡Larga vida a Don Pepe!

Fantástico el singular discurso de apertura de Rosa Gil resumiendo los principios y fundamentos de GRManía mediante un genuino y apropiado abecedario, aderezado  todo ello con una insuperable, sentida y genial la puesta en escena.

Magnífica la composición rimada de nuestro ausente maestro en versos D. Pedro Puerma, leída con respeto, devoción, sentimiento y perfecta entonación por parte de otro de nuestros sabios maestros en letras, D. Evaristo González.


Emotivo el montaje audiovisual elaborado por uno de nuestros geniales reporteros de cámara D. Antonio Gil;  y divertida, aunque estruendosa y desacompasada, ¡perdónenme ustedes! Jajaja… la interpretación musical de la canción adaptada por un servidor para loar las andanzas del compañero.

Acertado, práctico y servicial el regalo escogido y encargado por los miembros del comité festivo para obsequiar a los componentes de la juerguista compañía.  

Finalmente, y con cierto pesar, un sentido recuerdo para todos aquellos amigos y veteranos GRManos a quienes las circunstancias personales no les permitieron participar de la celebración. Unos por imposibilidad física y otros por imposibilidad material sabed que a todos se os echó de menos.

¡Felices Fiestas compañeros!


Restaurant "Cal Quico" (Prats de Lluçanès)
Serrat de Contacorbs
08513 Prats de Lluçanès
Barcelona
Tel.:        93 850 81 25
Mòbil:     699 922 742


Blog de GRManía:

Prats de Lluçanès
Sábado, 17 de diciembre 2016.