miércoles, 18 de abril de 2018

Próximos eventos


Viernes, 20 de abril de 2018, 
a las 19:30 horas. 
Presentación del libro 
"Candiles para Lucía", Ed. Círculo Rojo, 
en el Auditorio de la Biblioteca Central 
de Castilla y León de Valladolid.


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Sábado, 21 de abril de 2018

de 11:00 a 14:00 h. 

Feria del Libro, de "El Tiempo" (Ávila).




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21, 22, 28, 29 7 30 de abril de 2018,

01 y 02 de mayo de 2018. 

de 11:00 a 14:00  y de 18:00 a 20:00 horas

Feria del Libro de Ávila.


  
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* Sábado, 05 de mayo de 2018. Presentación del Libro "Candiles para Lucía", en el Club de Lectura "Con Olor a Tinta y Melocotón " de Burgohondo (Ávila)
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 * Jueves, 10 de mayo de 2018. Presentación del Libro "Candiles para Lucía", en Librería la Bravo. C/ Buenos Aires, Nº 5 28944 - Fuenlabrada (Madrid) .
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Viernes 11 de mayo de 2018 
a las 20:00 horas.

Festival Músicoliterario "Letras y Notas", 
en el Auditorio San Francisco de Ávila, 
junto a mis compañeros de 
la Asociaciópn Cultural de Novelistas 
"La Sombra del Ciprés".
   
Participantes:
 - César Díez Serrano.                     "La edad del acuario"
- Moisés González Muñoz.             "Candiles para Lucía"
- Humberto Mendoza de Zuazu.    "Más allá del Darién, en busca del estrecho
- Anzoni Martín Alonso.                 "El largo viaje del LSD al ADSL". 
- Mª Eugenia Hernández Grande.  "Spleen Spleen (Seis años y quizás un día)"
- Antonio García Martín.                 "No tengas miedo"   
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sábado, 24 de marzo de 2018

GR3: Etapa 7ª (10-03-2018)

Cardona - Salo.
 
-       Microbús en ciernes.
Dice la sabiduría popular que la vida es cíclica: que venimos de la nada y a la nada volveremos; que niños nacemos y a la niñez nos encaminamos al alcanzar la vejez. ¡Que en esta vida solo hay nacer y morir, y lo demás es cosa vana (Cristobal Medina)!
¿Valdrá también esta reflexión para dictaminar el futuro próximo de GRManía?
Los viejos fundadores recordarán cómo, en su origen, el grupo lo formaban cuatro amigos que se desplazaban en sus propios automóviles para realizar las rutas. Que, poco a poco, la pandilla comenzó a engordar y fue necesario aparcar los vehículos particulares y sustituirlos por uno de transporte colectivo. Que la familia siguió aumentado sin parar hasta superar, con creces, el número prohibido. ¡No más de 30, decían los expertos! Que no hace mucho tiempo más de uno rezaba, a la Virgen del Camino, la noche anterior a la caminata, para que algún pasajero achaque horadara la salud de alguno de los miembros de Gramanía, y así caber todos en el autocar. ¡No había plaza para tanto andarín en el bus! ¡Qué tiempos aquellos de insomnio nocturno y pánico a quedarse en tierra!
Bueno, pues, o cambia de manera drástica el panorama actual, o los presagios van camino de hacerse realidad en un plazo no demasiado lejano. Lo del autocar lleno se antoja ya un sueño del pasado, pues apenas cubrimos mitad del pasaje. El nuevo escenario ha hecho que el debate surja a escena, y en la última etapa, ciertos GRmanos divagaban sobre el inminente regreso a los días del microbús.
Esperemos, y confiemos, que las aguas vuelvan a su cauce y que recuperemos pronto los días de bulliciosa concurrencia. ¡Cuantos más seamos, más reiremos!
-       ¡Dichosos los ojos!
Después de unas cuantas jornadas de abandono, hoy reaparece en escena Catí ¡Dichosos los ojos! Los mal pensados creíamos que habías renunciado a tu cargo de coordinadora y relaciones públicas, y a tu generoso sueldo vitalicio. Pero como observamos que solo has dimitido el trabajo, que no los emolumentos, nos vemos en la obligación de presionar al tesorero, para que este proceda a descontar de tu “generosa nómina” GRMana la parte proporcional correspondiente a los trabajos no realizados. Y una vez aplicado el recorte, lo distribuya, de manera equitativa, entre el resto de mozas colaboradoras y aquellos varones que somos proclives al soborno. Por cierto, aunque yo faltaré a las próximas etapas, mi paga es sargada. Que no os quepa la menor duda... ¡para eso soy amigo del contable!
Por descontado que también echamos en falta a otros compañeros y compañeras que hace tiempo que no nos acompañan, pero estos tienen motivos más que razonados para justificar su ausencia. Un saludo para los convalecientes Josep Ferrer y Mª Àngels. ¡Os queremos pronto con nosotros!
 -       En puertas de la primavera.
La mañana se ha despertado vestida con la niebla y el trayecto en autocar hasta el punto de partida lo realizamos bajo la espesura de la bruma. La visibilidad es tan reducida que, en el ascenso por la curvada carretera que conduce a Cardona, apenas distinguimos la linde de la vía asfaltada. Ni rastro de la urbe y su castillo.
La de hoy es jornada de camaradería obligada. La etapa no ofrece más que una sola  opción y eso nos condena a caminar agrupados. Dispersos y erráticos, como casi siempre, pero… qué remedio… ¡Una sola opción, un solo grupo!
Nada más abandonar el parquin localizado en las afueras de la localidad, nos adentramos en el bosque que delimita los confines de la zona urbanizada.
Pronto nos percatamos de que la benigna climatología de las últimas semanas ha cambiado por completo los elementos y el paisaje. ¡Qué alegría para los sentidos!
Un invierno como Dios manda, ha sepultado las cumbres bajo un generoso manto de nieve; ha rellenado un poco los deshidratados acuíferos; ha henchido los ríos con un rebosante caudal, y ha preñado la tierra con la bendición del agua. El suelo del bosque rezuma humedad, los silenciosos campos de cultivo muestran sus encantos, y las praderas reverdecen esplendorosas.
El polvo y la aridez han desaparecido de las sendas y la superficie, mullida, invita a caminar. Los caminos, como no podría ser de otra manera, están reblandecidos por el agua y repletos de charcos en las hondonadas. Perfectos para caminar, salvo que vayas mirando al tendido y te empantanes en un charco embarrado, como le sucede a quien yo sé. Algunos no cambiaremos nunca. ¡Somos así!   
Tras un recodo del camino nos topamos con un grupo de rumiantes enclaustrados en una zona bastante umbría del bosque. No sé yo si estos serán de mi opinión,  con respecto a las bonanzas del agua caída del cielo, pues el suelo del cercado donde se encuentran encerrados es un autentico barrizal. La zona que rodea a los comederos está completamente enfangada, y acercarse a los mismos obliga a los mamíferos a hundirse hasta los corvejones. No digamos nada si de lo que se trata es de descansar tumbado en el suelo. ¡Que se lo pegunten al sufrido toro cuyo corpachón permanece casi hundido entre el pastizal, mientras por los poros de su piel va absorbiendo la humedad que rezuma en la superficie!
-       A lo nuestro: Comer y hablar.
A pesar de que la etapa es relativamente corta, la hora del desayuno se retrasa un poco más de lo habitual. Por fin, tras una exhaustiva búsqueda, localizamos una zona del camino, delimitada por varias rocas, que nos invita a detenernos.
La mayoría de GRManos acomodamos nuestras posaderas en las superficies rocosas para evitar la humedad. Otros, sin embargo, deciden permanecer en pie. Ya sea por no haber localizado un lugar apropiado donde aposentarse; para no ensuciar su impoluto uniforme; o para disimular sus achaques cuando llegue la hora de levantarse, el caso es que se mantienen erguidos y nos miran desde las alturas mientras devoran sus menudencias (bocatas, frutos secos, fruta… etc).
Mientras avanzamos por el amplio camino, vamos cambiando de compañeros de fatigas y vamos alternando conversaciones banales con confidencias personales.
En un momento del trayecto, coincidimos Cati, Paquita, Pepe, Rafa y un servidor y el nivel de la conversación alcanza cotas insuperables. Ni que decir tiene, que nos vemos obligados a vetar la participación de otros compañeros/as para evitar que el nivel de la plática decaiga a un nivel inaceptable. ¡Del tema, mejor callar!
Tras abandonar el grupo de eruditos, me integro en otra facción menos numerosa formada por Sonsoles y María Morales, y entablo conversación con ellas.  Muy a pesar mío, debo reconocer que las dos mozas disertan con maestría sobre varios temas y que hubieran sido unas dignas tertulianas en el grupo de los sabios. En el próximo debate os incluiremos como participantes. ¡Sin cobrar, por supuesto!
-       Tras la niebla una espléndida mañana.
Conforme avanza la jornada el sol comienza a desperezarse y poco a poco le va ganando la partida a la niebla. A media mañana, por fin, el astro vence a las tinieblas y, parsimonioso, se eleva por el horizonte calentando la tierra y el alma de los caminantes. El cuerpo ya va calentito. Bocatas, suplementos, vino, licores, té, y quizás también el caminar, ya lo han entonardo a conciencia.
Resulta curioso comprobar cómo, lo que no consiguen nuestros aguerridos guías, es capaz de conseguirlo la sabia naturaleza. Así, mientras solo algunos camaradas se detienen para esperar a los compañeros rezagados y proceder a la reagrupación de la cuadrilla, la aparición de una llamativa salamandra sirve para que todos, sin excepción, detengamos nuestros errátivos pasos y nos amontonemos, para curiosear, en torno al anfibio urodelo durante un buen rato. ¡Ver para creer!
La etapa zigzaguea de forma desorientada por medio de amplias zonas boscosas que despiertan del letargo invernal. De tanto en tanto debemos saltar el cauce de regueros y riachuelos que, tras la angosta sequía, discurren alegres al son de sus cantarinas aguas. Entre los claros del bosque, salteados, emergen también numerosos campos de cereal cuyos frescos tallos tiñen de verde el paisaje. Los árboles de floración temprana se adornan con el colorido de las flores que darán origen a los venideros frutos. En los márgenes del camino ,ino, obsrvamos los En las proximidades de estas zonas de cultivo se alzan algunas masías solitarias que muestran la decadencia de sus, otrora, majestuosas edificaciones. Nos topamos, también, con un par de iglesias-santuarios, alejadas de las zonas pobladas, a las cuales no les vendrían mal algunos retoques en su estructura y, sobre todo, un buen coro de feligreses que dieran sentido a su original función de culto religioso.
A pesar de que en el último mes las temperaturas han sido algo gélidas durante varias jornadas, el intenso frío apenas ha conseguido diezmar la nutrida población de procesionaria que infecta las coníferas. Las copas de los pinos se encuentran infectadas por multitud de nidos en cuyo interior dormitan las dañinas orugas. La bonanza de la mañana las ha animado a desplazarse, en procesión, en búsqueda de nuevos inquilinos a los cuales colonizar, y de acículas sanas con las cuales alimentarse. Disponen de unas cuantas horas para completar el trayecto, alimentarse, buscar nuevo asiento y confeccionar el nuevo nido. Si, la temperatura bajara de forma considerable – a causa de descenso brusco, o porque se les echara la noche encima – su cuerpo no aguantaría las inclemencias y perecerían de frío. Atravesando en fila el camino, agrupados en las lindes de los mismos, y en la base de los árboles, nos encontramos con varios grupúsculos de urticantes gusanos. Unos pasan a su lado sin hacerles caso; otros huyen de ellos para evitar el contacto; y los más osados, los pisoteamos con saña hasta destriparlos a todos y cada uno de los integrantes. A mediados de mayo, los supervivientes, se enterrarán en el suelo, para emerger como mariposas, a finales del verano, y aprovechar sus 24 horas de vida para copular, hacer la puesta en los nidos y dar por finalizada su vida, iniciando de de esta formar el nuevo ciclo de metamorfosis de la “Thaumetopoea pityocampa”.
-       La pérdida habitual, el atasco inesperado y asalto al bar.
¡Qué sería de nosotros sin las pérdidas? A pesar de que lo intentamos por todos los medios, y de la advertencia de los compañeros de la avanzadilla, no tenemos solución. Enfrascados en nuestro lunático mundo, los rezagados, al cruzar el riachuelo cercano a Salo, desoímos las indicaciones de los que nos precedían y cogemos un camino equivocado. A consecuencia del extravío debemos añadir un kilometro más al recorrido de la etapa y acometer la subida al poblado por la carretera asfaltada.
Con unos minutos de retraso, con respecto a los que han avanzado por la senda correcta, nos presentamos en la meta: Salo.
Una vez agrupados todos, nos colocamos junto a un árbol que hay al lado de la carretera y procedemos realizar la típica foto de grupo. El momento sirve para que los más veteranos rememoren aquel lejano día, de hace 10 años, cuando, los entonces, lozanos caminantes, realizaron el mismo trayecto. pero en sentido inverso, y posaron, bajo el mismo árbol, inmortalizando el instante con otra toma en idéntico lugar.
Tras el posado para la eternidad, nos acomodamos en el autocar y nos ponemos en marcha. La casualidad quiere que, en la primera curva de la estrecha y solitaria carretera, coincidamos circulando, en sentido contrario dos vehículos y nuestro autocar. Ante la imposibilidad material de continuar avanzando, salvo si  queremos tentar a la suerte o despeñarnos por la cuneta, la sabia conductora detiene el vehículo, y solicita la ayuda de algún GRmano, con el fin de solventar el inesperado atasco. Mientras, los vehículos que avanzaban en dirección nuestra, se detienen y, orillados a la cuneta, liberan espacio para el vehículo de transporte colectivo. Al tiempo, dos voluntarios se ofrecen como urbanos ponen pie en tierra. Con insólita maestría, los agentes dirigen la maniobra y nos sacan del atolladero.
Solventado el contratiempo ponemos rumbo a un bar de Callús donde ya hemos repostado en otras ocasiones. Sin embargo, esta vez nuestra presencia les pilla por sorpresa, pues nadie se ha encargado de avisar a los mesoneros, como si hacía la moza ausente en anteriores ocasiones. ¡Qué felices somos!
Gracias a la amabilidad de los propietarios del local, en un santiamén, tenemos las mesas dispuestas. Procedemos de inmediato a degustar nuestra comida y a devorar las pastas y bombones que Paco Ortega ha dispuesto para celebrar su aplazado aniversario. ¡Muchas gracias y muchas felicidades amigo Paco!
Como la jornada va de recuerdos, entre nosotros recordamos otras efemérides celebradas en el citado establecimiento hace tiempo. Entre ellas la dramatización de un cuento que Doña Mª Morales y Maese Pedro nos regalaron por Sant Jordi.
Concluido el ágape, ponemos rumbo al autocar y al legar a él alguno se lamenta de no haber vaciado la vejiga en el lavabo del citado establecimiento. Yo, que ya sufrí el escarnio por detener el autocar para miccionar - aunque otros que no abrían la boca también se bajaron para lo mismo - me escondo tras un  montículo y procedo en consecuencia. Alguna moza que se percata de mi actuación, envidia mi facilidad  pero deniega imitarme por temor a ser pillada infraganti. ¡Se dice el pecado pero no la pecadora!
Bar STOP. Callús.
  
Blog de GRManía:

Callús
Sábado, 10 de marzo de 2014.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Entrevista en Radio Star Terrassa ( Emprendedores)

El miércoles, 07/03/2018, de 20:30 a 21:30 horas, estuve con Mayte Solé Murillo, en el programa "EMPRENDEDORES" de Radio Star Terrassa, para hablar de #candilesparalucia Ed. Círculo Rojo.  https://www.facebook.com/mgonza75/posts/1588667054548212?notif_id=1520532079398026&notif_t=feedback_reaction_generic&ref=notif
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 Próximos eventos:

* Viernes, 20 de abril de 2018. Presentación del libro "Candiles para Lucía," en la Biblioteca Central de Castilla y León, Valladolid.
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* Sábado, 21 de abril de 2018. Feria del Libro, de "El Tiempo" (Ávila).
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* Domingo, 22 de abril de 2018. Feria del Libro de Ávila.
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* Jueves, 10 de mayo de 2018. Presentación del Libro "Candiles para Lucía", en Librería la Bravo. C/ Buenos Aires, Nº 5 28944 - Fuenlabrada (Madrid) .
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* ¿? de 2018, Festival Literariomusical "Letras y Notas", en el Auditorio San Francisco de Ávila, junto a mis compañeros de la Asociación Cultural de Novelistas "La Sombra del Ciprés.

    Participantes:
- César Díez Serrano.
- Anzoni Martín Alonso.
- Moisés González Muñoz
- Mª Eugenia Hernández Grande.
- Antonio García Martín.
- Humberto Mendoza de Zuazu.


GR3: Etapa 6ª (17-02-2018)

Solsona - Cardona.
 
-       Un  ilustre ausente y dos jóvenes novatos.
El frío sigue encogiendo los cuerpos, arrugando las almas y propagando los virus. Los años no pasan en balde y los achaques invernales parece que han horadado la salud de varios de los nuestros compañeros. Como consecuencia de ello, volvemos a ser un grupo bastante reducido. 
De entre todas las ausencias, la más dolida y comentada de la jornada, es la de Josep Ferrer, que se halla en pleno proceso de recuperación de la intervención quirúrgica a la cual fue sometido la semana anterior. Todo nuestro cariño, mucho ánimo, y nuestros mejores deseos de una pronta y total sanación. Nos quedan, aún, incontables lugares por descubrir; infinitos caminos por recorrer, demasiadas conversaciones por mantener y muchas festividades por celebrar. ¡Salud, amigo! ¡Esperamos y deseamos volver a verte pronto con nosotros, Josep! 
Como contrapeso a las citadas ausencias, hoy nos acompañan, para sorpresa general, dos jovenzuelos: Guillem y Pau descendientes de Inés Díaz y Paco Ortega. 
La presencia de Guillem podría considerarse como algo no habitual, pero factible, al vivir en Terrassa, pero la de Pau resulta del todo  inesperada, pues su residencia actual se ubica en tierras almerienses, y pocos so os los que estamos al cabo de su regreso temporal a la ciudad que le vio nacer y donde discurrió su infancia. ¡Bienvenidos jovenzuelos! ¡Habéis conseguido disimularr, un poquito nada más, la media de edad del grupo! ¡Savia nueva entre tanto árbol añoso!
-       Un invierno como los de antes.
Ya se nota el avance de los días en la estación, y nada más abandonar Terrassa comienza a clarear por el horizonte. Al penetrar en la comarca del Bages, las nubes que flotan silenciosas en las aturas absorben los reflejos de la claridad recién estrenada. ¡A estas horas, nadie diría que la lluvia es una amenaza! 
Como el hábito hace al monje, la bonanza climatológica de las últimas estaciones invernales nos ha hecho creer que el frío era cuestión del pasado. Nada más lejos de la realidad. Al final, todo vuelve a sus orígenes, y el despertar de la naturaleza, por tanto, nos ha pillado desprevenidos. Llevamos algunas semanas, como las de antaño, donde el frío, las heladas, y las nevadas eran el pan de cada día de nuestra añorada infancia. Así, ante los rigores de este inusual invierno, todos vamos bien abrigados. Algunos, incluso, llevamos ropa y calzado de recambio por si se cumplen las previsiones climatológicas que anuncian lluvia para el mediodía. 
Para alegría general, hoy hace menos frío que el habitual en las últimas jornadas. Sin embargo, la salida de Solsona, a través de un camino que avanza en paralelo a la de la cuenca de un riachuelo, hace que la humedad se incruste en nuestros huesos, y cuerpo, cara y manos, se contraen para protegerse de las inclemencias. 
Pronto abandonamos la vega del arroyo y nos adentramos en la campiña adormecida. El suelo por el que avanzamos esta humedecido por la reciente nevada, y encontramos algún que otro charco producto del deshielo. El sol se mantiene oculto tras las nubes; el viento sigue calmado; y animales y lugareños parecen acostados o enclaustrados en sus aposentos. ¡Nos rodea el silencio!
Cerrando el valle, al norte y a nuestra izquierda, divisamos con claridad e inmenso gozo las maravillosas vistas del Port del Compte y el Pedraforca, cubiertos por la nieve de la semana anterior. Más atrás, entre las estribaciones del Prepirineo que nos rodea, y en la lejanía, divisamos algunas cumbres del Pirineo sepultadas por una generosa capa de inmaculada nieve.
-       De pérdida en pérdida… camino del pantano.
Apenas si hemos iniciado la etapa, al toparnos con un solitario polígono industrial, nos despistamos ¡cosa rara! y nos adentramos por una senda equivocada. Suerte que algún espabilado se percata del error y nos pone en cuarentena. Debido a la proliferación de “jefes”, y a la singular organización, necesitamos un buen rato de discrepancias, discusiones y reflexión, para podernos de acuerdo y retomar el rumbo correcto. Es el sino de nuestro grupo: ¡varios encargados por trabajador! 
Conforme avanza la mañana, vamos perdiendo y recuperando la senda correcta, como si del Guadiana se trataba ¡Florenci, vuelve y pon un poco orden! 
En torno a las diez de la mañana nos detenemos en un recodo del camino para desayunar. Tras la ingesta de los bocatas, compartimos los suplementos que suelen ser habituales: galletas, chocolates, frutos secos, vino, aguardiente… y té. Bueno, el té no nos alcanza a varios de nosotros. Parece ser que el señor Castillo se ha olvidado de sus verdaderos amigos y se ha vendido a los conocidos. ¿Dónde estás Cati? ¡No es que añoremos tu presencia, es que no nos llega el té! 
Nada más retomar el camino volvemos a coger una ruta alejada del track. Tras la correspondiente agrupación, y las habituales discusiones, llegamos a la sabia conclusión de que es necesario retroceder para recuperar la senda correcta. 
Desandamos unos doscientos metros y nos adentramos por un estrecho sendero cubierto de maleza y matorrales, que permanece semi oculto entre la naturaleza del bosque. Poco a poco vamos ascendiendo la cuesta hasta alcanzar una planicie, donde se alza una solitaria masía rodeada a campos de cultivo. Al pasar por la finca sale a nuestro encuentro una jauría de chuchos ladradores. Los cánidos, más que amenazadores, se limitan a mantenerse alejados de nosotros, y desde la distancia, a mostrar, con temerosa prudencia, su incomodidad por la invasión de su propiedad, por parte de los alocados intrusos. 
Tras dejar atrás la hacienda perruna, alcanzamos una pista forestal que discurre por entre los sembrados. A pesar de la nitidez del camino, los de la avanzadilla nos saltamos el cruce, a la izquierda, y a punto estamos de provocar una nueva pérdida. ¡Vaya día! Algún mal pensado lo achaca a una jugarreta de Josep Ferrer, para vengar su ausencia y hacernos pagar los platos rotos de pasadas ocasiones. 
Luego de transitar un rato, de nuevo, por el bosque, alcanzamos la cota y al fondo divisamos el repleto pantano de San Ponç. Entonces, alguien, se percata de las ausencias de Paco Victoria y Pepe Hervás. Como no podía ser de otra manera, los ponemos verdes, despotricamos de su actuación y comenzamos a calibrar el retraso que su irresponsable aventura acarreará al grupo.

Mientras pretendemos descender para alcanzar el pantano, nos damos cuenta de que volvemos a estar extraviados. Un nuevo cónclave convence a los cuerdos de que es necesario volver sobre nuestros pasos para localizar el camino correcto. Sin embargo, los más listillos (Ana, Carmen, Maribel, Evaristo y yo), decidimos hacer odios sordos a la sensatez, tirar por la tangente y lanzarnos a la aventura por la pendiente que conduce al embalse. Avanzamos por entre los árboles, lahojarasca y el matorral; sin senda que seguir; salvando el desnivel y saltando piedras como cabras montesas, con destino a la presa. 
En un claro del bosque, observamos, atónitos, cómo Paco Victoria y Pepe Hervás, avanzan tranquilos y charlando amigablemente por el camino que bordea el pantano. No solo no estaban extraviados, sino que la pareja de descarriados ha avanzado por la senda correcta y llegará al punto de reunión bastante antes que todos nosotros. ¿Quién fue el truhan que osó criticarlos por la espalda? 
Cuando alcanzamos el dique nos reciben los dos amigos y estos se interesan por nuestras andanzas. Con la cabeza gacha, nos vemos obligados a reconocer que ellos, a los que creíamos extraviados, han resultado ser bastante más listos que nosotros. Que su decisión de continuar por el camino forestal, que discurre en paralelo al embalse, las ha conducido al lugar correcto, sin pérdidas, rodeos, ni alocados descensos, y que, además, se han ahorrado centenares de metros. 
Mientras aguardamos la llegada de nuestros compañeros, matamos el tiempo charlando y fotografiando el espectacular paisaje que nos rodea. Las impolutas aguas el pantano absorben la hermosura del lugar y nos la devuelven en forma de reflejos: el bosque de pinos y algunos chopos deshojados, el humo de una fogata, el cielo encapotado, y, al fondo, como si de una obra pictórica se tratara, la majestuosidad de las cumbres nevadas del Prepirineo y el cielo grisáceo de las nubes cargadas de humedad. 
Una vez reagrupados todos, solicitamos la ayuda de una amable deportista que corre por las inmediaciones, paraqué inmortalice el momento con los móviles y las cámaras convencionales. 
Concluido el posado para la fotografía de rigor nos dividimos en dos grupos y reemprendemos la marcha. Unos, los del grupo B, en dirección a Clariana de Cardaner donde concluirán su recorrido; y los otros, los del grupo A, en dirección a la meta: Cardona.
-       Un río cristalino y una granja infame.
Nos alejamos del pantano avanzando por la margen derecha del río Cardaner. Su caudal: manso, relajado y cristalino, nos acompaña durante un buen rato. Él, calmoso, descendiendo pausado y cantarín por la cuenca fluvial; y nosotros, charlatanes y desperdigados, zigzagueando de aquí para allá, a su vera, para salvar los obstáculos de la senda y la frondosa vegetación que nos rodea. 
En las inmediaciones de una nueva masía atravesamos el caudal del río, por un puente, y nos disponemos a continuar avanzando por la margen izquierda. 
La vida es una suma de contrastes. De la belleza del río y sus inmediaciones pasamos, en un santiamén, a un escenario inesperado y desolador.
Al entrar en la propiedad, descubrimos 
varios animales domésticos enclaustrados en sus cercados, cuadras y pocilgas. Las vacas se hacinan en un cobertizo sucio e inundado de boñigas. Parece ser que al ganadero no le importa demasiado que las rumiantes chapoteen en sus propios excrementos, pues el estiércol les llega por encima de las pezuñas y la piel de sus costados está toda “decorada” con la inmundicia de las heces. Poco más adelante nos topamos con unas pocilgas donde gruñen los cerdos. El estado de limpieza de las mismas no mejora en demasía al de sus compañeras de cautiverio. Finalmente, localizamos una nave donde permanecen enrejadas unas cerdas de  engorde en unas condiciones de espacio lamentables. ¡Qué ineptitud, dejadez y desprecio hacia los animales! 
A consecuencia del desgraciado hallazgo, surgen voces críticas sobre el maltrato animal y las insalubres e indignas condiciones de hacinamiento y habitabilidad, que sufren la mayoría de los animales destinados a la cadena de alimentaria. 
Una vez abandonada la morada de los horrores nos adentramos, de nuevo, entre la naturaleza del monte. 
Para sorpresa general, varias vacas que viven en libertad, salen en estampida de entre los árboles y, asustadas, huyen a la carrera de los intrusos, hasta alcanzar una distancia prudencial. Entonces, se detienen y nos observan desconfiadas.
-       ¡Entre Tacks y marcas!
Escrutados por la recelosa mirada de las herbívoras detenemos la marcha. De nuevo parece ser que vamos fuera de track y conviene encauzar el rumbo. Los amantes de las tecnologías se decantan por hacer caso al Tack y olvidarse de las marcas. Los más tradicionales, prefieren hacer caso de las marcas y dejar el Track para ´momentos de pérdida contrastada. En definitiva, que vuelven a surgir las desavenencias sobre qué método debería prevalecer. Tracks o marcas, sea cual fuere, es lo de menos. lo esencial sería que nos pusiéramos de acuerdo. 
Para no tener que volver sobre nuestros erráticos pasos, decimos continuar por sendero haciendo caso a las marcas recién pintadas. La decisión no se basa en el consenso, sino en la convicción inquebrantable de los que vamos en cabeza. ¡Para qué votar, si en este país todos ganan y cada cual hace lo que le apetece! 
Siguiendo las marcas del GR3 nos acercamos a las proximidades de Cardona. Volvemos a cruzar el cauce del río y avanzamos por una carreta secundaria que discurre entre los campos de cultivo y las viviendas de las inmediaciones. 
Frente a nosotros se alza la población con su imponente fortaleza dominando el paisaje. A través del Wake contactamos con los compañeros del grupo B y les informamos que nos quedan unos veinte minutos. ¡Qué ilusos! 
Poco antes de alcanzar las casas de la parte baja del poblado, cruzamos la carretera principal, por debajo de un puente, y acometemos la exigente subida por una calle asfaltada. 
El grupo se estira y los jadeos nos acompañan en el ascenso hasta la puerta de la antigua muralla. Allí detenemos los pasos, nos reagrupamos y recuperamos el resuello. Disertamos sobre la ruta a seguir para alcanzar a la Plaça de la Fira donde nos esperan nuestros compañeros. Por una vez, decidimos hacer caso a la lógica y siguiendo las indicaciones de los carteles nos encaminamos a la citada plaza. Al final, y fieles a nuestro  habitual proceder, nos saltamos el último desvío y alcanzamos la plaza por la parte trasera, tras el conveniente rodeo. 
Concluida la etapa nos apelotonamos en la carpa exterior del Restaurante  “El Menut de la Bauma”. El espacio es tan reducido que Dolors y Pitu deben irse a una estancia contigua para poder tomar asiento.
-       Día de celebraciones:
Somos tantos los Grmanos, que es habitual la celebración de alguna efeméride al finalizar cada etapa. Hoy, para no ser la excepción, se nos juntas dos eventos: los aniversarios de Evaristo y Paco Ortega, y ambos vienen cargados de embutido, aceitunas, pastas, dulces y otros presentes para conmemorar su juventud. 
Paco Ortega, al percatarse de la doble coincidencia, decide guardar sus alimentos y posponer la celebración para la siguiente jornada. ¡Adiós empacho! 
Una vez hartos de bocadillos, platos cocinados, ensaladas, frutos secos, patatas fritas, embutidos, pastas, chocolates y otros manjares, corre sin control el orujo gallego de Paco Troya y el vodka de Antonio. ¡Pandilla de glotones y borrachos!

Restaurante “El Menut de la Bauma” 
Plaza de la Fira, 19
08261 Cardona (Barcelona)
93 869 10 02

Blog de GRManía:
http://grmaniaweb.blogspot.com.es/
  
Cardona
Sábado, 17 de febrero 2018.

domingo, 4 de febrero de 2018

GR3: Etapa 5ª (13-01-2018)

Madrona - Solsona.


Se acabó la fiesta y volvemos a la cruda realidad. Apenas treinta caminantes apuntados en la primera etapa del 2018. Podríamos achacarlo a que la jornada discurre por zonas boscosas y son escasas las posibilidades de adaptar el recorrido a conveniencia. Pero la realidad es más simple. Todos sabemos que en Solsona no hay efemérides que celebrar; que no nos recibirá el Sr. Obispo; que no hay recital literario en perspectiva, y, mucho menos, comilona a la vista. En definitiva, que la jornada es para caminar, y no... ¡para comer y cantar!
Para sorpresa general, el vehículo, que nos dejará en la ermita de Madrona, es el adecuado para la ocasión: pequeñito y coquetón. Ideal para no encallar en las ceñidas y enrevesadas carreteras secundarias del interior. Además, presenta la novedad de que, por primera vez en mucho tiempo, al volante del mismo se sienta una bella dama. La fémina, rubia y de buen ver, parece simpática y solícita.
Sin embargo, hay un aspecto que comparte con todos sus queridos compañeros de profesión -da igual si son hombres o mujeres-. Todos poseen la habilidad de escoger siempre el camino más largo. ¡Suerte que viajamos con el precio pactado de antemano, y que pagamos por trayecto, y no por kilometraje! Son tantas las vueltas que damos para alcanzar los destinos que, si cotizáramos por kilómetros recorridos, nuestras arcas tendrían más telarañas que un pajar abandonado.
La ruta automovilística nos hace recorrer las comarcas del Vallés Occidental, el Baix Llobregat, el Anoia, la Segarra y la Noguera, hasta alcanzar el Solsonés. Allí, en la riera de Madrona, abandonamos la calidez del autocar y ponemos pie en tierra para iniciar el recorrido de la jornada.
El contraste entre la temperatura del habitáculo y la del exterior es evidente. El paisaje tirita bajo la generosa helada y a cada expiración nuestra le sucede una blanquecina nube de vaho que se desvanece en el aire. Sin dilación, combatimos el frío matinal cubriéndonos con nuestras chaquetas, gorros, guantes, buffs…
De salida, descartamos el camino en ascenso, que conduce a la ermita, de Madrona (¡la plegaria para los pecadores!) y acortamos por la carretera comarcal.
Recién iniciada la marcha nos estiramos como una goma de mascar. Pero, para sorpresa general, a la cabeza del pelotón no transitan los de velicistas de siempre, sino simples mortales. ¿Qué harán en la retaguardia los habituales corredores?
Mientras acometemos una de las varias subidas de la jornada, divisamos, a la derecha de la carretera, un corral habitado por media docena de rumiantes. La mayoría de ellos permanecen a cubierto bajo un rústico techado de uralita, para guarecerse de la helada, y se alimentan del pienso que llena los pesebres. Solo una solitaria vaca: esquelética, peluda, sucia, y con claros signos de debilidad, se desplaza, cojeando, desde la gélida intemperie hasta desguarecido cobertizo, para reunirse con sus compañeras e intentar probar el alimento compartido.
La mayor parte de la etapa discurre por una zona de barrancos: la riera de Madrona, los barrancos de San Tirs, el Pinell, Gaspar, de Ribalta y Rassa del Masnou. El ondulado trazado serpentea, en un constante sube y baja, por entre campos de labranza, masías y ermitas aisladas; zonas de matorral y superficies boscosas. Estas últimas pobladas por encinas, chaparros, robles y pinos.
En nuestro avance, vamos alternando zonas de asfalto (hasta San Tirs), con  pistas forestales, caminos, sendas y trochas curtidos por la helada.
La ausencia de transitadas vías automovilísticas nos permite disfrutar de un acogedor silencio durante toda la jornada. La quietud que se ve alterada, solo, por nuestros gritos, las risotadas y las consabidas llamadas a través del Walkie.
A primera hora de la mañana, y tras alcanzar una loma, los de la retaguardia divisan un ciervo ramoneando en un espacio abierto, en la hondonada del barranco del Pinell. El animal salvaje se desplaza tranquilamente, ajeno a nuestra presencia, y seguro de que la distancia que nos separa, la mantiene a salvo de nuestra curiosidad.  
 El hambre aprieta, el personal comienza a impacientarse y nos reagrupamos para localizar un espacio donde detenernos a desayunar. Descartamos una explanada que se abre al lado del camino por no reunir los requisitos indispensables. La zona se encuentra en plena umbría y el suelo cubierto por la helada. Además, está delimitada por dos porterías de fútbol, y ocupada por grandes alpacas de paja, que, a modo de cilíndricos jugadores, amenazan con echar a rodar tras la pelota, si alguien hace sonar el silbato.
Junto al sendero que disecciona el bosque de Pinell, descubrimos “La Fossa del camí dels Casals”. En ella destaca una Cista neolítica datada del 3000 aC. Excavada en 1986, la tumba presenta forma de caja y conserva dos de las losas laterales, la de cierre frontal y la de cobertura.
Tras contemplar el antiguo monumento megalítico funerario, retomamos la marcha, no sea que aparezca el morador de la posada y nos dé un susto de muerte.
Hacia las diez de la mañana nos topamos con una masía abandonada, en cuyos aledaños se alza un cobertizo en estado ruinoso. Frente a las edificaciones se extiende un vasta explanada que en sus días de gloria debió ser la era. Esta se encuentra rodeada por un muro de piedras, erigido con el fin de allanar el terreno.
A la hora del desayuno repetimos todo nuestro ritual: demasiada la comida, bastante el vino, excesivos los complementos y alocada la inagotable verborrea.
Con el estómago, repleto reanudamos la marcha para transitar por la Serra de San Tirs, acogedora y solitaria, como buena parte del recorrido de la jornada.
Como viene siendo habitual, tras saciar el apetito, perdemos las formas y cada cual se las apaña como puede. Alternamos el asfalto con los caminos de tierra, y nos hacemos acompañar por aquellos que avanzan a nuestro ritmo.
Una vez hemos dejado a los compañeros del grupo B, a buen recaudo, en Viladric, descendemos hasta la reseca cuenca del barranco de Gaspar.
A lo largo de la jornada vamos pasando por varias zonas embriagadas de un perfume nada seductor. ¡No seáis mal pensados! No hace falta descubrir al humanoide expendedor de tales fragancias, pues durante el trayecto nos hemos ido topando con vacas, un ciervo, cerdos, dos caballos y…borricos de dos patas..
En las proximidades de Clarà, Ana, Paco Ortega y yo acometemos la última subida y nos olvidamos de Pep Ferrer. En un gesto de lealtad y camaradería le dejamos atrás para evitar que sufra con nuestro vertiginoso ritmo. ¡Qué detalle!
En la cima, Ana y yo nos detenemos, para desprendernos de nuestros abrigos, y cuando el amigo Ferrer está a punto de llegar a nuestra altura, reiniciamos la marcha, ¡vaya a ser que nos de alcance! ¡Consideración ante todo!
Como el señor Ortega tampoco se ha apiadado de nosotros dos, decidimos tentar a la suerte. Nos dejamos guiar por el GPS y nos aventuramos por un atajo que nos permite acortar un buen trecho del camino. Al recuperar de nuevo la senda correcta, nos hallamos muy por delante del amigo Paco y con el otro amigo, el pobre Ferrer, pedido en lontananza.
De manera un tanto absurda, el trayecto final, que marca Track, nos obliga a acometer la subida hasta el Castellvell, para acto seguido, descender nuevamente a la planicie en búsqueda de la mística Solsona. ¡Qué subida más inútil! ¡Con lo bien que hubiéramos ido por el barranco de Ribalta!
Una vez alcanzada la ciudad episcopal, localizamos el Bar del Casal de Joventut. La invasión repentina del local, por parte del sudoroso grupode charlatanes, pilla de sorpresa a dueña y dependienta. De inicio, casi nos niegan el acceso al recuinto, pero tras reflexionar, permiten que nos acomodemos en sus dependencias. Eso sí, nos sugieren que para la próxima ocasión les avisemos con la suficiente antelación. ¡Qué ilusas! ¡Es la enésima vez que visitamos su establecimeinto y aún se encomiendan a nuestra supuesta formalidad!
Tras recolocar mesas y sillas, a nuestra conveniencia, reponemos las pocas calorías perdidas en la batalla. Entre bocado y bocado, vamos picoteando del chorizo casero que Mª Ángeles ha traído para celebrar su aniversario. ¡Viva el 58!
Nuestro insaciable apetito nos “obliga” a devorar el chorizo leonés y las deliciosas galletas caseras portadas por Angelines. Para postre, además, nos atiborramos con los ricos bombones que Carmen Nieto ha traído para celebrar el nacimiento de su segundo nieto. ¡Larga vida al infante, a la abuela y a GRmanía!  

Casal de Solsona: 
Paseo Pare Claret, 0 S/N,
25280 Solsona, Lérida
973 48 08 11

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Sábado, 13 de enero 2018.